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Malena 12
Fecha: 31/10/2020, Categorías: Gays Autor: relator23, Fuente: CuentoRelatos
MI HISTORIA CON EL HOMBRE QUE PORTABA LA PESTE DE LAS FEROMONAS El entrenamiento había concluido, estaba preparada para el trabajo, el auditor enviado por la oficina central había llegado ya, lo estábamos esperando en la oficina de Gonzalo. Después de recibir sus últimas instrucciones, él y yo deberíamos emprender juntos un viaje de casi cuatro horas por carretera hasta nuestro destino en la sucursal de la ciudad de El Calvario, en un estado llanero en pleno corazón del país. Eran finales del mes de agosto del año 91, y estábamos en pleno invierno tropical; en la zona, estaría fresco pero lluvioso…mejor que seco y caluroso, pensé. EL HOMBRE Cuando me fue presentado, nada en él me inspiro ni un mal pensamiento, de hecho, olvidé su nombre inmediatamente después que me lo dijo y más nunca he vuelto a recordarlo. Lo que si recuerdo indeleblemente es que más o menos cinco horas y media después de haberme sido presentado….bueno… no nos adelantemos a los acontecimientos. El hombre, como lo llamo en mis recuerdos, era de la edad de Gonzalo: unos treinta y cinco años; era de modos rudos, silenciosos y descarados. Sus ojos eran de un gris desvaído, como toda su persona, su sonrisa era su única forma de expresarse y comunicarse. Pero… aquí es donde está el detalle: portaba una atmósfera propia capaz de inficionar a todos los seres que se colocaran a su alcance con el extraño poder que poseía. Cuando se entraba en el círculo mágico de su ámbito, una se sentía ...
... inmediatamente sacudida por una sensación de irremediable pérdida de la voluntad y un estado de ánimo indescriptible, que estremecía las entrañas y promovía el deseo deintimidad absoluta con él. Si te sonreía en el momento en el que te encontrabas bajo su influjo, podías desfallecer por el desaliento que te producía la acuciosa necesidad de entregarle tu cuerpo. El fenómeno era tan delimitado, que solo se percibía en su cercanía, cuando te alejabas de él todo el barullo de las tripas, el deseo, la perdida de la voluntad: cesaba como por sortilegio. Se diluía, se esfumaba, como por encanto, así como había llegado. Olvidabas su nombre y su existencia, y de lejos, te parecía un“mastuerzo plácido” rodeado de mujeres embelesadas. Gonzalo, sintió también su influjo, según me refirió tiempo después, pero en forma de un sentimiento de simpatía, sin base para ello, pues el hombre era verdaderamente antipático. Durante los días que pasamos juntos en nuestras tareas, vi como afectaba a las personas que se ponían a su alcance y cómo, el efecto desaparecía apenas se alejaban de él: Al tener que pasar más tiempo en su proximidad, debido al trabajo, yo fui la más afectada. “Tú y los demás fueron víctimas de un tipo con una superproducción momentánea de feromonas, las más afectadas fueron las hembras que en ese momento eran fértiles” me diagnosticó Deysi, cuando le conté lo que me había sucedido durante el viaje. Sacando cuentas, siempre inexactas en lo que a mi menstruación se ...