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El placer de la tormenta
Fecha: 02/11/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: rubyg, Fuente: CuentoRelatos
... pellizcándolos. -Eso no es mi espalda, ahí puedo lavarme yo solo. -No te preocupes cielo, relájate y disfruta. ¿Sabes que tienes mucha suerte? No todos los hombres tienen el placer de ser lavado por una mujer. Bajé mis manos hasta su vientre y acaricié cada línea de sus abdominales bien marcados. Bajé un poco más hasta sentir su rizado vello púbico. Deslicé mis manos por debajo de las suyas para acariciar su gran pene, que ya estaba duro como una piedra. Él apartó las manos, dejándome hacer, y las puso sobre mis rodillas, que acarició con dulzura. Lo froté un poco con mis manos, y luego deslicé su prepucio hacia atrás para descubrir el glande. Tenía algunas manchitas de semen reseco. Gimió cuando mis resbaladizas manos enjabonaron su glande para limpiar aquella suciedad. -Deberías hacer esto cada día en la ducha. Estas manchitas no son buenas para tu pene, y seguro que a tu novia no le gustan. -Yo no… no tengo novia… -¿No? No lo puedo creer. Con lo atractivo, alegre y buena persona que eres, estoy segura de que todas las chicas van detrás de ti. -Gracias señora, eres muy amable. -No me llames señora. Nos conocemos desde hace mucho. Llámame Lucía, cariño. -Si… Lucía… esto se siente muy bien… pero es un poco… -Me alegro de que te guste, yo también me siento muy bien. Le besé en la mejilla y él giró la cabeza para mirarme a los ojos. Yo cerré los míos y le besé en los labios. Nuestras lenguas se juntaron en el interior de su boca. Agarré con ...
... fuerza su miembro y me puse a sacudirlo con fuerza mientras con la otra mano le acariciaba testículos y el ano. Sus caderas empezaron a moverse mientras nos besábamos, rozando mi vagina y dándome placer. Con un gemido, una abundante carga de semen salió volando, cayó al agua y se quedó allí, flotando. Continué besándole y masajeándole la polla hasta que se le pasó la erección. -¿Te ha gustado? -Mucho- Dani parecía avergonzado, pero feliz. -Tienes la piel arrugada de estar tanto tiempo en el agua. Salgamos. Me puse mi albornoz, y como no tenía otro para él, me senté en el retrete, le puse de pie delante de mí y le froté con una toalla por todo su cuerpo. -Tienes un pene realmente lindo, y muy grande para tu edad. Dani se sonrojó. - Gracias - dijo, y yo le di un besito en la punta de su pene flácido. Se puso la ropa que le había traído y yo salí del baño aun con el albornoz. Miré por la ventana, seguía diluviando. -¿Por qué no te quedas a cenar? Si te vas ahora volverás a calarte -No se… mis padres me esperan… -No te preocupes, les llamaré por teléfono. Tenía buena relación con la madre de Dani, así que no tuve más que contarle la situación para conseguir su permiso, no sólo para cenar aquí, sino también para dormir si la lluvia no cesaba. -Antes de preparar la cena, quiero que hagas algo por mí. -Claro, ¿de qué se trata? -Ven, sígueme. Le llevé a mi habitación, abrí el cajón donde guardo mi lencería y se lo enseñé. -No puedo cocinar ...