1. El placer de la tormenta


    Fecha: 02/11/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: rubyg, Fuente: CuentoRelatos

    ... con el albornoz. Elige lo que más te guste y me lo pondré.
    
    Dani escogió para mí unas braguitas negras de encaje muy pequeñas, que no llegaban a ser un tanga pero que igualmente dejaban al descubierto la mitad de mis nalgas, y un camisón también negro y de encaje, con mucho escote, apretado en el pecho y suelto más abajo, cuyas transparencias apenas escondían mi cuerpo.
    
    -¡Niño travieso! Este era el conjunto favorito de mi ex. Quieres verme sexy, ¿eh?
    
    -Yo… perdona… pensé que te quedaría bien…
    
    -No hay nada que perdonar, cielo. Me hace feliz excitar a un muchacho tan apuesto como tú.
    
    Me quité el albornoz bajo la atenta mirada de Dani, y me puse el atrevido conjunto con el que tantas veces había seducido a mi exmarido. Observé que una nueva erección abultaba su pantalón.
    
    -¿Qué tal me queda?- Pregunté mientras me daba una vuelta para que me viera entera.
    
    -¡Espectacular! Lucía, eres muy sexy.
    
    Le agradecí el cumplido y me senté a su lado, mirándole. Como vi que no se lanzaba, le acaricié la cara y le besé. Entonces el llevó una mano a mi cadera, pero yo se la cogí y se la llevé a mi pecho. Su mano extendida no era capaz de abarcar mi teta entera, pero él me la masajeaba tan gentilmente que volví a excitarme. Entonces él dejó por fin a un lado la timidez y colocó su mano bajo mi camisón, frotó mi vagina por encima de las braguitas y acarició el vello que sobresalía por arriba. Deslizó entonces su mano por debajo de mis braguitas y abrió mis labios con ...
    ... suavidad.
    
    -Estás muy mojada.
    
    -Es normal, hacía años que no hacía esto, y tú eres tan… tan atractivo…
    
    Me puse sobre él a horcajadas. Su enorme bulto hacía presión entre mis labios. Comencé a mover mis caderas, frotando mi húmedo coño contra su dura polla. Él acompañaba mis movimientos con sus manos en mi culo mientras besaba mi cuello y lamía mi escote. Levanté mis brazos para que él pudiera quitarme el camisón, y cuando mis tetas quedaron al aire las agarró, me lamió los pezones y los succionó como un bebé. El placer que yo sentía era espectacular, mi coño estaba ardiendo, sentía calambres por todo mi cuerpo, me froté con fuerza para alcanzar el orgasmo. Dani notó mis espasmos.
    
    -¿Ya has acabado?
    
    Le besé en la boca, y jadeando, contesté:
    
    -No, una mujer no acaba cuando llega al orgasmo. A diferencia de los chicos, las chicas podemos seguir después de corrernos. Lo divertido aún no ha empezado.
    
    Le quité la camiseta para acariciar su musculoso cuerpo, le tumbé en mi cama para bajarle los pantalones junto con los calzoncillos y me puse a cuatro patas frente a él. Recorrí con mi lengua sus muslos hasta llegar a la entrepierna. Allí me embriagué con el aroma de sus testículos, de su vello rizado, de su dulce pene. Le di un beso en la punta, y un hilillo viscoso de líquido pre seminal se pegó a mis labios y se estiró cuando me separé. Corté ese hilo con mi dedo y me lo llevé a la boca, ¡Que sabor más dulce tenía! Saqué la lengua y con ella acaricié suavemente la punta de ...
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