1. Dicen que las pelirrojas traen mala suerte


    Fecha: 10/01/2021, Categorías: Control mental, Autor: pedrocascabel, Fuente: RelatosEróticos

    Dicen que las pelirrojas traen mala suerte
    
    No sé la razón por la que desde siempre se dice que las pelirrojas traen mala suerte, me follé a una y mi vida cambió desde entonces de manera positiva, y en ello sigo
    
    Posiblemente noté algo raro en una reunión de trabajo en la que se estaban valorando objetivos conseguidos y la distribución de unas gratificaciones medianamente importantes, pero no fui plenamente consciente de lo que realmente hice.
    
    Mi jefa directa está sentada a mi lado, cabreada porque la reunión no avanza, dispuesta a dejar a toda nuestra sección sin gratificaciones. Me acerco a su oído izquierdo, sujeto levemente su codo —tenemos confianza porque nos conocemos hace bastantes años— y le digo:
    
    —No me parece bien, hemos trabajado mucho y los objetivos eran bastante irreales, imposibles de cumplir
    
    En lugar de contestarme con cajas destempladas y fuera de tono, algo muy habitual en ella, me sonríe y contesta lo que yo quería oír y mentalmente me estaba diciendo a mí mismo:
    
    —Llevas razón, Dimas, merecéis la gratificación
    
    Me extrañó, pero no le di importancia. Joder, ni los más viejos del lugar lo recordaban. Me invitaron a cañas ese viernes los compañeros hasta que tuve que decir que me marchaba para casa, que iba ya pelíncocido.
    
    Mi vecina del piso de enfrente, Ana, es una mujer guapa, deseable, una tía buena, pero también creída y pagada de sí misma. Es de esas rubias que te mira, sonríe y sabes que está pensando algo parecido aya sé que ...
    ... estoy muy buena y te la pongo dura, capullo. Llama la atención porque es muy rubia, alta —me llega a la altura de la boca y yo paso del uno ochenta— tiene una bonita cara y siempre va vestida marcando curvas, porque las tiene bien puestas. Nos saludamos, charlamos un ratito de vez en cuando, incluso algún sábado vamos a tomar unas cervezas por el barrio con un par de matrimonios amigos, también vecinos, pero cuando he intentado algo más, nada, ha huido como si yo tuviera la peste.
    
    Coincidimos en el ascensor a la vuelta del trabajo, charlamos sobre la propuesta de abrir la piscina de la finca en junio en vez de en mayo, hago un chiste malo, y según se ríe he tocado su codo levemente al mismo tiempo que pensaba para mí en lo bueno que sería que me besara ahora mismo.
    
    Me llevo una sorpresa a pesar de ser lo que quiero que ocurra. Se acerca, gira un poco la cabeza, me besa en los labios con suavidad y ya en el descansillo nos damos un muerdo de los buenos, baboso, guarro, con la lengua hasta las amígdalas. Quiero seguir, claro, pero me dice:
    
    —Dentro de un rato me voy a casa de mi madre para pasar dos semanas, el sábado siguiente ya estaré en Madrid y por la tarde podemos quedar para follar
    
    Algo parecido me estaba yo diciendo a mí mismo según le tenía cogido uno de sus codos. ¿Será verdad o es mi mente calenturienta?
    
    El martes he quedado a cenar con mi cuñada Nines, viuda de mi hermano mayor fallecido hace ya más de seis años, en su casa. El conductor del taxi que me ...
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