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EL COMIENZO
Fecha: 24/01/2021, Categorías: Incesto Autor: Nando69x, Fuente: SexoSinTabues
... como hermoso se le veía el redondeado y levantadito trasero… Aquel pensamiento me hizo fruncir el ceño, más cuando sentí que mi pene cabeceó al instante. Tragando saliva tomé la barra de jabón, pasándole otra a él y comencé a indicarle como debía enjabonarse para ir preparando primeramente su cerebro, luego su cuerpo y por ultimo todos sus sentidos para el acto que iba a realizar, así lo disfrutaría completamente. Le iba hablando, mostrándole los movimientos y todo lo hacía sobre mi propio cuerpo para que él me fuera imitando, y él me iba siguiendo como un buen alumno. De esa manera le fui mostrando con maestría cada paso que debía dar. Le indiqué cómo debía pasar suavemente la barra del bajón por toda su piel, como una sublime caricia, sobre todo por las partes más sensibles que un hombre tiene, que son: las tetillas, las axilas, el cuello, las nalgas, la entrepierna y el pene. Le dije que con la práctica él descubriría cual sería la parte más sensible de su cuerpo. Santy me seguía muy atento, primero me observaba y luego realizaba el movimiento sobre su cuerpecito. Hubo un momento en que él comenzó a tocarse como se lo había indicado y seguro comenzó a sentir las emociones y sensaciones porque después de unos segundos, cerró los ojitos mostrando en su rostro el placer que sentía. Sonreí porque me sentí satisfecho al pensar que todo lo que le estaba enseñando, él lo estaba captando perfectamente y sobre todo disfrutando. Al bajar la mirada mi corazón dio un salto cuando vi ...
... que su pene cabeceó, comenzando a crecer, poniéndose al instante duro y apuntando como una flecha a su estómago. En ese momento mi piel se estremeció y mi guevo brincó, empalmándose más de lo que me encontraba. En silencio, con la boca seca y el corazón retumbándome desbocadamente detrás de las orejas, seguí observándolo; él continuaba con sus ojitos cerrados -ajeno a mi escrutinio- con la boca entreabierta y respirando un poco agitado. Sus manos continuaban acariciando su propia piel, se acariciaba el cuello, las axilas y las tetillas, fue bajando poco a poco por su pecho, abdomen y al llegar al vientre choco con su miembro que lo tenía tan duro como una piedra. Abrió abruptamente sus ojitos y me observó con cierta pena en su mirada al verse observado por mí. —Recuerda que todo esto es normal —le dije con voz ronca, sorprendiéndome a mí mismo de mi tono. Sin embargo, sonreí para que la confianza regresara en él y se relajara. Sin perder tiempo le enseñé qué más tenía que hacer al momento de llegar a ese punto. Le dije que se sobara y acariciara con delicadeza lo huevos y si sentía placer al halarlo, que lo hiciera midiendo siempre la fuerza para no hacerse daño. Esa indicación, Santiago no me la entendió porque al mirarme su expresión fue de confusión, entonces decidí hacérselo yo mismo para que me pudiera entender mejor. Me agaché poniéndome en cuclillas frente a él, apoyando mis rodillas sobre las baldosas mojadas y tomé sus pequeños huevos con una de mis manos, dándome ...