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Las desventuras de Elena (8)
Fecha: 15/02/2021, Categorías: Grandes Relatos, Autor: señoreduardo, Fuente: CuentoRelatos
... boca abierta, jadeando de excitación con una mano entre sus piernas. Cinco años esperando ese momento, cinco largos años ardiendo de deseo por esa chica que ahora se le ofrecía. Se desnudó rápido, con movimientos que la intensa calentura volvía algo torpes, y una vez en cueros se echó como una fiera hambrienta sobre la jovencita. Le apartó las manos de las tetas y las reemplazó por la suyas mientras las bocas se fundían en un beso de fuego, con las lenguas enredándose como reptiles. Después sus labios descendieron por el cuello con besos quemantes y buscaron ávidamente las tetas. Fernanda le apretaba las caderas con sus muslos y gemía mientras ella le sorbía los pezones. En un momento la miró a la cara y vio como los ojos de su sobrina se abrían y cerraban una y otra vez y cuando estaban abiertos brillaban con una luz de perversidad. La chica jadeaba, respirando agitadamente y entonces Leonor deslizó una de sus manos hacia abajo hasta llegar a la concha, que encontró mojadísima. También ella chorreaba flujo y cuando entreabrió los labios vaginales y le metió primero un dedo y luego otro, Fernando lanzó un grito y la animó a que siguiera. Hábil amante lésbica, Leonor comenzó a mover esos dedos mientras con el pulgar estimulaba el clítoris ya durísimo. Instantes después era su lengua la que actuaba allí, haciendo que Fernanda gritara, gimiera y jadeara alternativamente, presa de la más violenta excitación. La mujer, después de haber esperado años por ese momento, quería ...
... prolongarlo lo más posible. Jamás había sentido por otra la pasión que experimentaba por su sobrina. Le sacó los dedos de la concha y, sin dejar de lamerle el clítoris, empezó a acariciarle los muslos, estremeciéndose al contacto con esa carne tibia y firme que se elastizaba bajo la presión de sus manos. Por fin, sintió que Fernanda se estremecía y sus jadeos se hacían más fuertes. Entonces aferró con ambas manos las caderas de la jovencita, redobló sus lamidas al clítoris y, segundos después, la sentía estallar en un prolongado orgasmo. Hundió su cara contra esa conchita que la volvía loca, bebió sus jugos hasta la última gota y se tendió después de espaldas junto a su sobrina, que poco a poco iba normalizando su respiración. -Lo hiciste muy bien, tía... –le dijo la chica luego de un rato. -Hacémelo a mí ahora... –pidió Leonor con la concha mojadísima, encendida de deseo. Ya saciada, Fernanda retomó su papel dominante: -Ah, no, tía, ¿qué es eso de exigirme? –estaba vuelta de costado, con las piernas flexionadas, el codo en la almohada y sosteniendo su cabeza con la palma de la mano: -¿De verdad querés que te haga gozar? Leonor la miró suplicante: -Ay, sí, Fer... ¡Síiiiiiiiiiiiii!... -Rogámelo... -Pero, Fer... -¡Rogámelo! –insistió la jovencita endureciendo el tono. La mujer parecía al borde del llanto y temblaba cubierta de sudor: -Te lo ruego, te lo suplico... ¡Por favor!... -Muy bien, tía... ¡Muy bien!... Estás aprendiendo cómo son las ...