1. Las desventuras de Elena (8)


    Fecha: 15/02/2021, Categorías: Grandes Relatos, Autor: señoreduardo, Fuente: CuentoRelatos

    ... cosas... –dijo la chica y la besó los labios para después ponerse a juguetear con los pezones, que retorció y estiró hasta arrancarle a la mujer gemidos que expresaban dolor y goce al mismo tiempo.
    
    Se sentía en la cumbre del placer físico y sicológico viendo como esa hembra madura y ardiente estaba completamente en sus manos, indefensa, atrapada, sin posibilidad alguna de escapar de la trampa que le había tendido.
    
    Embriagada de ese intenso goce fue deslizando sus labios por el cuello, los pechos, el vientre de Leonor, provocándole estremecimientos mezclados con gemidos y súplicas que formulaba con voz quebrada por la ansiedad.
    
    Llegó a la vulva empapada y la entreabrió para encontrarse con el clítoris erecto y rojo, que atrapó entre sus labios, mordisqueándolo con alguna fuerza mientras le apoyaba la punta de un dedo en el orificio anal. Leonor se estremeció al sentir allí ese pequeño ariete:
    
    Sí... sí, querida, sí... metémelo... ¡metémelo!... –y Fernanda se lo introdujo hasta el nudillo, de un envión, sin delicadeza alguna, y empezó a moverlo de atrás hacia delante, de adelante hacia atrás, hasta que lo retiró pero sólo para volver a penetrarla, esta vez con dos dedos que después de algún esfuerzo logró meterle en toda su longitud. Entonces dejó de lamerla y se incorporó a medias sin interrumpir la penetración anal:
    
    -Estás gozando como una yegua, ¿eh, tía puta?...
    
    Leonor tenía las mejillas rojas y movía la cabeza de un lado al otro, en el paroxismo del ...
    ... goce, y suplicó:
    
    -No pares... no pares, no pares... estoy por... por acabar... no pares...
    
    Pero la chica le sacó los dedos del culo, se puso de pie entre las piernas de la mujer y mirándola con expresión cruel le dijo:
    
    -Vas a terminar vos la tarea... masturbate.
    
    Leonor, sorprendida, la miró con los ojos muy abiertos y una mueca de angustiosa demanda:
    
    -No me hagas sufrir así, Fernanda... por favor... –balbuceó a punto de ponerse a llorar.
    
    -Que te masturbes, dije. –insistió la jovencita.
    
    Leonor, urgida por la necesidad de calmar la fiebre que la abrasaba, se llevó una mano a la concha y tardó sólo unos segundos en alcanzar ese orgasmo que todo su ser le estaba reclamando. Fernanda bajó de la cama:
    
    -Muy bien, tía, muy bien. Me gusta que seas obediente. Voy a ducharme. Vos no te muevas de ahí. –le dijo, y tomó del suelo su ropa para después meterse en el baño.
    
    Cuando regresó, Leonor seguía echada en la cama y al ver a su sobrina le dijo molesta mientras se incorporaba:
    
    -No me gustó nada cómo me trataste al final. Voy a ducharme. –y se encaminó hacia el baño ignorante aún de lo que su perversa sobrina le tenía preparado.
    
    -No te apures, tía. –dijo la jovencita deteniéndola con un gesto. –Tengo algo para contarte.
    
    -Ahora no quiero escuchar nada. Dejame pasar. Hablamos después.
    
    -La que va a hablar soy yo. –dijo Fernanda con tono duro y mirándola de una forma que inquietó a Leonor. Había ahora en su sobrina algo que la asustaba, sumado al hecho de ...