1. Una esposa sin verguenza


    Fecha: 24/02/2021, Categorías: Grandes Relatos, Autor: femerba, Fuente: CuentoRelatos

    ... ella quería calmar su lujuria, cualquier lugar podía resultar adecuado. De modo que no reparé en apariencias o lujos. Había que encontrar rápido un sitio o desistir de aquella aventura.
    
    Entrados a aquel lugar se nos indicó que podíamos entrar los tres a una habitación, lo cual resultó ser la solución al conflicto interno que cada quien albergaba. Ella, porque por fin iba a calmar la sed de sexo que tenía; el muchacho aquel, porque iba a cristalizar el sueño de volverse a acostar con mi esposa. Y yo, no lo sé realmente, pero creo que quería satisfacer la curiosidad de saber porqué tanto interés de mi esposa de revolcarse de nuevo con aquel semental.
    
    El sito era bastante pequeño, de escaleras y pasillos muy angostos, que solo permitía que caminara por ellos una persona a la vez. De manera que mi esposa encabezaba la hilera, seguida bastante cerca por su presa, quien ya tenía ganas de ponerle sus manos encima y finalmente yo, quien estaba destinado a tomar las fotos para documentar el evento. En los encuentros anteriores mi participación era bastante limitada, pues ella quería a aquel mulato para ella sola y ojala por el mayor tiempo posible.
    
    Y no estaba equivocado. Tan solo al entrar a la habitación, aquel negro acorraló a mi esposa contra la pared, dejándola recostada de espaldas contra un espejo que cubría toda el muro. Y ella, como esperando que eso sucediera, se entregó de lleno a él y a disfrutar del momento, pues aquel exploraba con sus manos todo su cuerpo, de ...
    ... una manera inquieta y frenética, como si tuviese el tiempo limitado. Su lengua, además, se introducía en la boca de mi mujer con bastante insistencia. Y además empujaba sus caderas rítmicamente contra el sexo de mi mujer, haciéndole sentir la dureza de su miembro y dándole a entender lo mucho que la deseaba.
    
    Poco a poco fueron cambiando las poses entre ambos. El extendió los brazos de mi mujer hacia arriba, sosteniendo sus muñecas con las manos, mientras presionaba acompasadamente su miembro erecto contra su sexo y seguía besándole, pero no solo la boca sino también su cuello, sus hombros y sus senos. Ella, con los ojos cerrados, mostraba en sus facciones una sensación de plenitud inmensa. Sin lugar a dudas, lo estaba pasando bien. Excelentemente bien...
    
    Después aquel abrió las piernas de ella, metió las suyas en medio, y tomándola por sus nalgas la levantó del piso mientras seguía empujando con fuerza sobre su sexo. Aquella fricción y lo inesperado de la maniobra surtió sus efectos, pues ella empezó a lanzar ligeros gemidos, apenas audibles, pero plenos de placer. Y, en complemento a las atenciones que aquel le prodigaba, abrazó con fuerza su cuello y le besó con inusitada pasión. La combinación de sensaciones en todo su cuerpo estaban alcanzando el cometido esperado: “Tenerla muy excitada para lo que vendría más adelante…”
    
    El, imagino yo, no quería esperar demasiado y pronto empezó a despojarse de su vestimenta. Dejó al descubierto su torso, dejando ver sus anchos ...
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