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Una esposa sin verguenza
Fecha: 24/02/2021, Categorías: Grandes Relatos, Autor: femerba, Fuente: CuentoRelatos
... hombros y sus brazos musculosos; todo un deleite para mi esposa quien encuentra muy sexy y erótico acariciar su pecho y sentir esos brazos muy bien torneados y de músculos firmes. Ella dice que eso le produce una sensación inmensa de seguridad y que la hace entregarse aún con más confianza a la aventura. Y ella, correspondiéndole, soltó su cinturón, desabrochó su bragueta e introdujo su mano para dejar expuesto aquel miembro negro, duro y palpitante que ahora tenía entre sus manos. El hombre debió sentir pasar corriente por todo su cuerpo, porque intensificó las embestidas hacia mi esposa y se apresuró a despojarla de toda su ropa. Ya no había tiempo para más preliminares. Y ella, también ansiosa por sentir aquel miembro dentro de sí, para nada obstaculizaba sus esfuerzos y, por el contrario le ayudaba con una gran muestra de urgencia y prioridad, no solo por ella misma sino por su compañero. Muy pronto quedaron en el suelo sus zapatos, su falda, sus medias, su chaqueta, su blusa y su sujetador, quedando tan solo vestida con sus bragas, sus collares y sus pulseras, mientras que él se despojó de sus zapatos, sus medias, su pantalón y sus interiores, quedando expuesto totalmente y a disposición de mi mujer. Era evidente que ambos querían culminar aquello de la manera acostumbrada, fundiendo sus cuerpos en un solo y único abrazo, mientras sus sexos se acariciaban mutuamente, rítmicamente y con intensidad. Mi esposa le indicó que se sentara en el borde de la cama y, ...
... empujando su pecho con sus manos, hizo que este se recostara dejando al alcance de su boca aquel duro miembro que con tanta dedicación acariciaba. De inmediato llevó su boca hasta él y empezó a chupar con insistencia e intensidad aquella verga, palpitante y erecta, que le provocaba tanto deseo y lujuria. Atacaba aquel miembro como si fuera la última Coca-Cola en el desierto, algo que me generaba un poco de celos pues no es su conducta acostumbrada cuando está conmigo. El hombre debió sentir que se acercaba al orgasmo porque bruscamente interrumpió a mi esposa, alentándole a levantarse para cambiar de posición, siendo ella quien quedara recostada y él, apoyado de rodillas sobre el piso, en medio de sus piernas. Desde esa posición atacó los senos de mi mujer, en principio, pues siempre han sido su debilidad; Y después de entretenerse con ellos un rato, sin dejar de empujar su pene contra las caderas de mi esposa, poco a poco se fue escurriendo hacia atrás, dispuesto a chupar la concha de mi mujer, que en ese punto del evento ya estaba mucho más que húmeda y lubricada. Con determinación y firmeza separó los muslos de ella con sus manos y empezó a chupar su sexo, dando unos lengϋetazos largos, moviendo su cara de arriba hacia abajo; primero lentamente y luego a mayor velocidad. Esa acción parecía producir un inmenso placer en mi mujer, porque las facciones de su rostro así lo demostraban. Simultáneamente sus manos recorrían todo su cuerpo, poniendo especial énfasis en sus pechos. ...