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Una esposa sin verguenza
Fecha: 24/02/2021, Categorías: Grandes Relatos, Autor: femerba, Fuente: CuentoRelatos
... otro lo mucho que había disfrutado del momento, reían por momentos acordándose de lo que cada uno había aportado y, se creía que todo había acabado. Ella se metió a la ducha y el pidió acompañarla. Y ella, para nada lo rechazó. Debajo del agua él volvió a acariciar todo su cuerpo mientras la besaba y, progresivamente, su verga empezó a endurecerse de nuevo. El tomó el jabón en sus manos y empezó a enjabonar el cuerpo de mi mujer, teniendo el cuidado de frotar su clítoris mientras la seguía besando. Eso, al parecer, volvió a encender su pasión y pronto estaba frotando sus piernas contra sus muslos, pidiendo de alguna manera que esa dura verga la volviese a penetrar. Ella, en contraprestación, hacia lo mismo enjabonando su cuerpo, frotando insistentemente con sus manos aquel miembro que para esos instantes era nuevamente presa de su deseo. El no quiso esperar y allí, bajo la ducha, abrió las piernas de mujer, levantándola por los muslos, quedando ella recostada contra la pared. En un santiamén la penetró. Empujaba con inusitada energía y eran veloces sus arremetidas. Ella solo atinaba a mover sus piernas alrededor de su tronco, como queriendo retenerlo y estimular a que ...
... continuara haciendo aquello por toda la eternidad. Esa escena duró más bien poco. El muchacho empujo con bastante velocidad y pronto, bien pronto, se notó como apretaba sus nalgas y quedaba presionando contra ella, lo cual indicaba que ya había descargado su semen. Lo bueno vino después, pues de inmediato él le pidió que le mamara su verga, que aún palpitaba, y ella con inusitada premura, así lo hizo. El negro permanecía recostado sobre la pared y ella lamía una y otra vez su verga mientras el agua corría sobre sus cuerpos. No duró mucho aquello pues su pene, no obstante toda la voluntad del muchacho, poco a poco fue perdiendo su dureza. Ella hizo lo que pudo y succionó aquel miembro hasta que más, pero ya era suficiente. La sesión había acabado. Terminaron de bañarse, se secaron y él, generosamente, ayudó a vestirla, no dejando de prodigarle besos y caricias mientras lo hacía, lo cual quizá pretendía avivar de nuevo la pasión, pero ya era tarde y lo hecho había sido lo esperado. Así que entre besos y palabras de agradecimiento, pusieron fin a la noche y se despidieron. ¡Qué faenita! Lo cierto es todos disfrutamos y quedamos contentos. Ya habrá una próxima oportunidad…