1. Ayudando a mi cuñado a satisfacer a mi hermana


    Fecha: 10/03/2021, Categorías: Incesto Autor: Hansolcer, Fuente: SexoSinTabues

    ... –Literalmente la culie como perro hasta sentir como mi polla le llegaba a la garganta, haciéndola toser en varias ocasiones. Nos mirábamos y luego a Néstor mi cuñado que dormía el sueño de los justos. Le chupe eso pechos que no recordaba que lo tuviera hace 11 años, grandes, suaves pero duros, con el pezon totalmente parado. Baje por su estómago, la escuche gemir, creo que adivino que iba por su panocha y eso sí recordaba cuánto le gustaba. – Ayúdame a mover a Nestor para allá – me dijo como si quisiera que tuviéramos más espacio. Lo empujamos hasta que quedo al fondo, pegado a la pared, con los pantalones aún a las rodillas y con la inerte verga de fuera. El chocho de Isabel era desproporcionado para ella, era tan amplio como la palma de mi mano, gordo, con labios gruesos de color oscuro y totalmente rosado por dentro. Sabía rico, olía rico. A aseado aunque la había visto meterse el pene de su marido antes. Sensible, al más mínimo contacto la hacía brincar y se le ponía la piel eriza, sendos gemidos se le escapaban sin que pudiera detenerse. Supimos que había llegado el momento y tras ponerse de pie se colocó apoyando sus manos en el colchón, me coloqué detrás y afianzándome a sus caderas empecé a metérsela por el chocho lo más lento que pude, quise sentir cuando mi verga se abría paso en cada centímetro de su vagina. Creo que Isabel y yo gozo tanto como yo el que la empalara por completo. Empecé a culearla despacio, procurando gozarla en cada penetrada, sentir su interior, ...
    ... escuchar como jadeaba a cada embestida. Supe que mantenía el ritmo que yo quería, porque cuando empecé a acelerar mis movimientos igual ella empezó a moverse ricamente de adelante hacia atrás al tiempo que hacía una especie de círculo imaginario, me apretaba con su vagina cómo si me estuviera ordeñando el pito. Sin soltarme de sus nalgas la culie de arriba abajo, buscando su punto G, podía palparlo y podía escuchar como mi hermana jadeaba sin importarle que frente a ella estuviera el que tenía la obligación de hacerla sentir el placer del sexo. Por un instante me sentí culpable la ver a mi cuñado en ese estado, tirado mientras yo me tiraba a su mujer. – Déjame subirme – me pidió Isabel. Ahora fui yo el que se acostó boca arriba sobre la cama, con Néstor roncando al lado. Mi hermana se subió sobre mí y tras colocarse ella misma la verga se ensarto hasta dejar fuera únicamente los huevos, pujó complacida, luego inició un galope con un rico movimiento que supe que seria cuestión de minutos para que me hiciera acabar. Agarrado de su culo pude sentir como me obligaba a llegar al orgasmo junto a ella, era demasiado rico la forma en que se movía que cualquier barrera que pudiera poner para no acabar no era suficiente, además para que detenerme. Si ella estaba llegando al extasis, al limite de la locura sexual, jadeaba sin ningún ningún reparo, resoplaba fuerte, doblando la cabeza hacia atrás. Podía sentir sus espasmos vaginales y cómo aceleró sus movimientos de cadera, como apretó ...