1. La embarazada seductora (Parte 1)


    Fecha: 21/03/2021, Categorías: Microrelatos, Autor: Nazareno Cruz, Fuente: CuentoRelatos

    ... regresiva.
    
    Sus besos más obscenos comieron mi boca, sin dejarme respirar, la bienvenida a un mundo de sensaciones totalmente nuevas, su excesiva calentura alimenta las fantasías que muchos hombres tenemos sobre el deseo sexual de las embarazadas, ella parecía confirmar ese mito.
    
    Mujer decidida, sabía cómo hacer sentirme su amo, se hincó sobre la moqueta, desprendió el cinto y buscó el miembro, se agarró a él con firmeza, sin soltarlo da suaves besos y lame despacio, de abajo hacia arriba, sin abrir demasiado la boca para evitar el exceso de saliva escurriéndose, presiona con los labios sobre el pene, sin dejar de mirarme, juega al misterio que encierra el juego erótico de la mamada. Maneja los tiempos de la excitación, juega con el roce de los dientes, tan pronto siente que estoy acercándome al momento supremo, baja la intensidad, dibuja figuras con la lengua sobre el glande, aprieta con las manos la base del pene para yugular el avance de la excitación.
    
    Cubre los dientes con los labios presiona sin lastimar, dibuja una gran O, abre y cierra la mandíbula, hacia debajo de modo natural, los altibajos van produciendo en mí ese estado de excitación, el cosquilleo de la proximidad se alterna con la decepción y caída de la tensión previa a venirme.
    
    Es una experta en calentamiento, ponerme a punto y dejarme suspendido en su tiempo y en el espacio de deseo, conservado en latencia, dejándome en la puerta de salida, pero solo con las ganas…
    
    Se sentó en el sofá, ...
    ... reclinándose, ofreciéndose al macho que late deseo por todos sus poros.
    
    Es mi turno de hincarme entre sus piernas, quité la tanga, en mi cuello a modo de trofeo, voy atraído por el aroma que emana de la cueva donde se oculta lo profundo de la vida, abrí los labios, carnosos, hinchados y jugosos, los chupé, succioné, lamí, mientras froto el clítoris con mis dedos. El contacto robó sus primeros grititos de gusto, volví a lamer, penetrarla con mi lengua, en punta, jugando sin aflojar la intensidad de la mamada. Ella me tomaba de los cabellos, gemía y agitaba su pelvis, frotando los vellos sobre mi cara.
    
    Pasé la lengua por toda la vagina, desde abajo hacia arriba, lamiendo como a un helado, saboreando ese aroma acre y ligeramente salado, sin dejar lugar por degustar. Con la mano frotaba sin darle tregua, cambio la posición para poder encerrar en mi boca el clítoris, introduciendo, despacio dos, tres y cuatro dedos, todos juntos simulaban el grosor de mi verga, entrando y saliendo sin cesar, con intensidad y fuerza como para incrementar los gemidos hasta convertirse en gritos, agitándose y vociferando groseras obscenidades. Se incrementan las sensaciones, se agigantan, comienza a correrse en un vertiginoso y convulsivo orgasmo, gritado en todos los tonos que la sinrazón de sus sentidos le permite.
    
    Manejé a mi antojo la duración de este arrasador orgasmo que barrió de un plumazo la memoria de los anteriores, este había creado había elevado el record en la memoria erótica.
    
    Tamaña ...