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Esas viejas costumbres.
Fecha: 23/04/2021, Categorías: Incesto Autor: PrimerosPasos, Fuente: SexoSinTabues
Viejas Costumbres Hola, soy Vanesa. Mujer casada. Estatura normal. Pechos pequeños, pero buenas piernas. Rellenita. Esta anécdota sucedió hace como unos 30 años. A finales de los 90tas. Yo estaba casada con quien ha sido mi hombre y gran amor por años. Raúl. Él tenía tres hermanos y una hermana. Yo tenía dos hermanas. Éramos, ambos, los menores de las dos familias. Por lo tanto, los últimos en casarnos. Como en todas las familias, cada nuevo bebe, era una fiesta. Así fue también con nuestros dos peques. Con sus primitos, existía una diferencia de unos 13 años con los más grandes. Y a 8 de los más peques. No sé si lo sepas, estimado lector, pero por aquellos años, en Argentina, todavía existía una costumbre masculina algo extraña. Llevar a los hijos varones “de putas”. Eso era cuando los niños llegaban a los 14 años. Las putas eran la moda. ¿Primitivo, cierto? Pues sí. Pero era la costumbre. Hay muchos cuentos de padres que llevaban a sus hijos, al llegar a determinada edad, a un prostíbulo, porque se suponía que era hora de perder la virginidad: creían que el hombre debía tomar experiencia antes de relacionarse con otras mujeres. Así el macho cabrío criollo aprendería tempranamente a satisfacer a todas las mujeres que poseería durante el transcurso de su vida. En aquellos años, los hombres suponían que la mujer depende del hombre para sentirse plena. Era todo un tema de machismo. Cavernícolas. Una noche de sábado durante un asado familiar, uno de los hermanos de Raúl, ...
... Carlos, le platicaba a Marcelo (otro hermano) a modo de secretillo en la cocina, que los chicos ya estaban como para “verle la cara a Dios”. ¿Qué podía significar aquello? ¿Hacer la primera comunión? No creo. Era otra cosa. El tema era que no se ponían de acuerdo porque el asunto del SIDA ya era un problema, y Marcelo consideraba algo arriesgado todo ese asunto. Igualmente, se notaba que por lo menos, si estaba de acuerdo con cumplir con aquella consigna religiosa. Carlos, era el hermano mayor. Grueso, tirando a gordito. Carnicero. Padre de tres. Más alto que mi marido. Confianzudo. Y los rumores decían que era un picaflor. En realidad, no era lo que decía la gente. Sino, el mismo, era quien cada vez que conquistaba a alguna vecina del barrio, les contaba a los otros (hermanos y amigos) hombres, en los asados del domingo. Nunca había entendido aquello. El tipo era agrandado, petulante. A mí me incomodaba. Más de una vez lo agarré mirándome. No sé. Me incomodaba. Y eso era con todas, menos con su mamá y la hermana. A las demás, a todas, nos miraba con ganas. Un pelotudo. Pero también tenía algunos atributos, era generoso, dedicado no solo a sus hijos, sino a todos los primitos. Una cosa por otra. Habrán pasado algunas semanas luego de esa charla entre hermanos. Una tarde, habíamos salido en familia a unas piscinas en el campo. Ahora estoy rellenita, pero en aquellos años, tenía muy lindas piernas y, una cola, envidiada por muchas. Y claro, con traje de baño, sentía las miradas ...