1. Rocío, violada por ladrona


    Fecha: 13/05/2021, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos

    Era un día lluvioso y frío. Las calles del centro estaban casi desiertas. Pocos comerciantes mantenían los locales abiertos a la hora de la siesta. La desolación era intensificada porque siendo fin de mes, y faltando varios días para el cobro, nadie tenía dinero para salir de compras.
    
    Yo trabajaba en un bazar, el cual era uno de esos pocos locales que se mantenían abierto todo el día.
    
    La tarde transcurría normal y no sucedía nada que prometiera emoción.
    
    En un momento entró una cliente. Al menos eso era lo que yo pensaba. No se me hubiera ocurrido que esa mujer tan bien vestida era una ladrona, y mucho menos que iba a terminar cogiéndomela en el vestuario del local.
    
    Pero estoy yendo muy rápido. La chica era alta y tenía el pelo corto, muy joven, de unos veintitantos. Apenas la vi y me gustó muchísimo. A pesar de que estaba ataviada por una campera roja de lluvia bastante larga, se notaba su buena figura de piernas largas y pechos que parecían a punto de explotar, atrapados por los botones de la campera. El cinturón que rodeaba su cintura dejaba en evidencia su figura curva. A pesar de ser bastante delgada tenía lugares de donde disfrutar.
    
    Saludó con una sonrisa. “hola, como estas” dijo. Su tono de voz era el típico de las chetas de Palermo o Núñez. “estoy buscando un regalito para mi sobrino ¿puedo pasar a ver?” a diferencia de la mayoría de las mujeres hermosas, no se sintió cohibida al ver cómo me la comía con la mirada. “obvio, ¿te ayudo en algo? ¿buscas algo ...
    ... en particular?” contesté tratando que no se me desvíen los ojos hacia sus tetas. “no gracias, voy mirando y te digo cuando encuentro algo que me guste” no soy de prejuzgar, pero su sonrisa fácil y su mirada sinvergüenza me hicieron pensar que era una puta. Pero no de las que cobran, sino de las que se entregan al sexo sin problemas y se mueven en la cama como unas profesionales.
    
    Entró al local que era bastante profundo. Había toda clase de regalos y adornos, así que tenía para rato. El bazar tenía cámaras puestas estratégicamente para evitar robos, y yo las utilizaba para observarla desde el monitor que tenía en el mostrador. En eso se acerca desde la vereda Pedro, el policía de la cuadra. “¿todo bien?” preguntó al entrar al local. “todo perfecto” contesté señalando el monitor donde veía a la mujer de cuello de cisne que se estiraba para agarrar un portarretrato. “Ahh, pero vos sí que la pasas bien” bromeó Pedro que a sus cincuenta años y con varios kilos de más, se derretía cada vez que veía carne fresca. Vimos a la mujer un rato más. Luego pedro entró para recorrer el interior del local, o, mejor dicho, para ver de cerca a la hembra que estaba desfilando por los pasillos del bazar. “que puta hermosa” susurró cuando volvió a la entrada al lado del mostrador. Sabía que no se iba a ir hasta que ella saliera, y muy probablemente la seguiría un par de cuadras sólo para mirarle las piernas que estaban desnudas desde un poco encima de la rodilla (que era hasta donde llegaba la ...
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