-
Rocío, violada por ladrona
Fecha: 13/05/2021, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos
... presentando, una vez que encontró el documento de la ladrona. Roció tenía unas piernas realmente bellas y largas, pero con esa campera no me permitía saber si su culo estaba a la altura. “bueno nene, vos mirá que yo voy a registrarla a ver si no se estaba llevando algo mas”. “no llevo nada, por favor. Yo no soy chorra es que tengo una enfermedad que se llama cleptomanía, si quieren pregúntenle a mi psicóloga, yo no hago estas cosas porque quiero” lloriqueó Rocío. Pedro rió. “callate que de acá vas en cana” dijo, despiadado. Comenzó a cachear a Rocío. Lo hacía deliberadamente lento, principalmente cuando recorría las piernas desnudas, lo cual era innecesario. Luego cuando subía la mano por debajo de la campera se acercaba, rozándola con su miembro. Se notaba que disfrutaba tocarla, y era evidente que no lo hacía de manera profesional, porque a cada centímetro que avanzaban sus dedos, soltaba un suspiro. Sin embargo, sabía dónde detenerse. Solo alcanzaba a intuir sus partes íntimas, sin llegar a tocarlas. Así lo hizo también cuando cacheó por encima de la campera, rayando apenas el nacimiento de los senos, rodeándolos con los dedos en toda su circunferencia, percibiendo su forma. Yo miraba inmóvil. Lo que hacía Pedro era abuso de autoridad. Por un instante estuve a punto de decirle que la deje en paz, pero la verdad es que estaba fascinado. “Ahora cacheala vos” me ordenó. “pero si ya me revisaste” se quejó Rocío girando su cabellera negra. “usted se calla y mira la ...
... pared” fue la respuesta del policía. Yo me acerqué tímidamente. Sabía que estaba haciendo algo malo, pero aquellas piernas kilométricas, estaban abiertas y me llamaban a gritos. Rocío giró nuevamente. Me miraba expectante, como si sintiera la inminencia de lo que iba a pasar, y deseando que ocurra rápido. Yo realmente no tenía pensado abusar de ella. El susto que le estábamos haciendo pasar era suficiente. Pero su actitud resignada me instó a al menos imitar a Pedro. Y así lo hice. Deslice mi mano por su pierna derecha, empezando por los tobillos, como si tuviese pantalones y pudiera ocultar algo ahí. Se notaba que hacía ejercicio periódicamente, porque sus gemelos eran duros y estaban hinchados. Sentí su piel sedosa mientras subía despacio hasta las rodillas, pasándola de largo, invadiéndola por debajo de la campera, frenando sólo cuando sentí la tela del diminuto short que llevaba debajo, para llegar a sus muslos, y tantear el nacimiento de sus nalgas con una mano, y disfrutar de la rigidez de los aductores con la otra. Repetí la operación con la otra pierna, igual de despacio, pero esta vez me detuve mas tiempo en el borde de sus nalgas, sintiendo con mi dedo gordo el inicio de la curva que se elevaría como una pequeña montaña de placer. Sacudí la cabeza como para volver en mí, porque si seguía así iba a cometer un verdadero crimen. La palmeé a la altura de la cintura y repitiendo lo que hizo Pedro, bordeé sus senos con la yema de los dedos. Para entonces mi sexo estaba ...