-
Rocío, violada por ladrona
Fecha: 13/05/2021, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos
... campera), hacia abajo. Pero entonces ocurrió algo raro. En un movimiento rapidísimo, la mujer tomó algo de una de las góndolas y lo metió dentro de su campera. Miré a Pedro para saber si había visto lo mismo que yo “mirá la turrita, que chorra” dijo. Me costaba creer que fuese una ladrona. Pensé que simplemente guardó el objeto para después pagarlo. Era evidente que no necesitaba robar, su ropa y su forma de hablar así lo demostraban. “no le digas nada hasta que pase por la caja” dijo Pedro. Lo comprendí, ya que no podría considerarse un robo hasta que llegue al mostrador y no pague lo que ocultó. La situación me parecía ridícula, y mas aun cuando supuse que aquello que tomó no era más que un adorno de madera con una inscripción en inglés que decía “i love you” de 34 pesos. Pasaron los minutos y la seguimos observando de cerca, yo a través del monitor y Jorge caminando de un lado a otro a través de los pasillos. Para mi alivio la chica agarró un par de adornos de cerámica y se dirigió al mostrador. Apoyó tres productos en el mostrador. Finalmente parecía que habíamos cometido un error. Pero cuando los pasé por la caja registradora noté que no estaba el adorno de madera. Su sonrisa seductora continuaba imperturbable. Le cobré 250 pesos por los regalos que llevaba. Estaba seguro de que me había equivocado, no tenía sentido que gaste ese dinero y robe algo de casi el diez por ciento de su valor. Sin embargo Pedro estaba mucho más escéptico. “permítame ver su ...
... cartera señorita” dijo. “¿qué?” peguntó ella sorprendida. “Su cartera por favor” la mujer parecía ahora ofendida, pero mostró su cartera con gesto triunfal sabiendo que nada había en ella mas que sus cosas. “Abrase la campera” ordenó esta vez el policía. Ahora la chica empalideció. “no tengo porque hacer eso” retrucó. “señorita, la tenemos grabada” dijo Pedro con calma. Aunque yo noté, sin comprender, que aquella situación lo estaba excitando. “acompáñeme, por favor” pidió amablemente. Señalando con la mano hacía el vestuario donde realizaba los cacheos a los chorros, las pocas veces que sucedía ese tipo de cosas. Yo sabía que a las mujeres sólo podían revisarlas personal femenino, pero por lo visto ella no lo sabía, porque no lo exigió. Toda la seguridad y el descaro que imperaban en su semblante hasta hace unos minutos había desaparecido. “perdón, me olvidé de pagar esto” dijo sacando el ridículo presente. “Ah no, un robo es un robo” dijo Pedro. Se notaba cómo se le hacía agua la boca. La agarró del brazo y la llevó, mientras ella hacía un inútil esfuerzo por no ser arrastrada hacia su castigo. “Vení un rato Carlitos” me ordenó. El local quedaría sin nadie que lo cuide pero supuse que sólo sería un rato. Cuando llegué al vestuario, apenas segundos después que ellos, Pedro ya la tenía arrinconada, de cara contra la pared, con las piernas abiertas y las manos arriba y apoyadas en la pared. Pedro revisaba la cartera “Rocío Galarza” dijo mirándome, como si me la estuviese ...