1. La pérdida de la inocencia


    Fecha: 17/05/2021, Categorías: Incesto Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    Esta es la historia intimista, personal y real, aunque increíble, de cómo sin saberlo perdí mi virginidad a manos de mi prima Noelia.
    
    Por aquel entonces yo contaba con 17 años recién cumplidos, y de la vida no sabía nada. Era un niñato, más inocente que una mosca y tímido. Claro está, mi vida sexual era inexistente y solamente quedaba al descubierto algunos días cuando me levantaba con los calzoncillos húmedos de algo pringoso o cuando se me levantaba la polla por algún motivo que aún desconocía.
    
    Y en esto entra mi primita, Noelia, la más pícara de las mujeres, que me abrió la puerta al mundo de los juegos adultos (por cierto bastante mejores que los de los niños).
    
    Noelia tenía por aquel entonces 25 años, era (y es) morena, con ojos castaños, 1'73 de altura, con el peso justo para su altura, pechos del tamaño de una mano, culo bonito en forma de corazón, en general, un cuerpo esbelto y ligero.
    
    Todo comenzó cuando fui a casa de mis tíos a ver a Pedro, mi otro primo y hermano de Noelia, y descubrir a mi llegada que se había ido con mis tíos a pasar el día fuera, ya que era verano y vivíamos cerca de la playa.
    
    Noelia me invitó a pasar. Aún recuerdo lo que llevaba ese día. Vestía la parte superior de un bikini naranja, de forma triangular y con pequeñas cuerdas que se juntaban en su espalda, junto con un pantalón corto y ajustado y unas chanclas. Yo por mi parte vestía la típica camiseta de manga corta, bermudas y deportivas.
    
    Nos sentamos juntos a charlar en ...
    ... un tresillo y me invitó a una limonada casera que contaba con un ingrediente especial (a día de hoy aún no ha querido desvelarme que era) cuyo sabor era totalmente eliminado por el sabor agrio y dulzón de la limonada. Me lo bebí de un solo trago y empezamos a charlar.
    
    Hablamos de mis estudios, sus estudios (estudiaba psicología) y de cómo nos iba en general. Descubrí por sus palabras que todo le iba bien, excepto en temas amorosos, diciéndome que los hombres no la comprendían y que era una mujer libre para todo. Divagaciones a las que yo le presté poca atención. Al rato de estar hablando, sin saber porque motivo, mi mirada empezó a repasar su figura de arriba abajo, disimuladamente y tranquilamente. Me fijé en sus tetas pequeñas y apetecibles....y cuando levanté la mirada ella me miraba a los ojos.
    
    - ¿Que miras? - .....- contesté lo primero que se me ocurrió - Tu bikini...me gusta mucho. - Sí, pues mira.
    
    Se levantó y se bajo los pantalones bajo mi atenta mirada, dejando al descubierto un pequeño y minúsculo tanga naranja que apenas le tapaba.
    
    - ¿Te gusta?
    
    Me quedé mirándola fijamente hacia el triangulo invertido que el tanga formaba al finalizar sus piernas y en lo finas que tenía sus piernas. Ella con sonrisa pícara (después lo entendí todo) se dio la vuelta y me plantó su culo a escasos centímetros de mi cara pasmada. Mientras observaba como un hilo de tela se sumergía entre sus nalgas, noté cómo mi entrepierna iba creciendo de tamaño, sin yo poder evitarlo y ...
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