1. La pérdida de la inocencia


    Fecha: 17/05/2021, Categorías: Incesto Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... sin saber qué hacer. Ella se dio la vuelta y disimuladamente dejó caer sus pantalones al suelo, a lo que se agachó a recogerlo poniéndose de cuclillas con las piernas abiertas ralentizando sus movimientos. Mi mirada se dirigió de forma inconsciente hacia su sexo, tapado mínimamente por su tanga, y mi polla dio un brinco empalmándose totalmente.
    
    - ¿Qué?. ¿Te gusta?.
    
    No contesté, me limité a mirar al suelo mientras ella se sentó otra vez a mi lado.
    
    - ¿Qué te ocurre?.
    
    Seguía sin contestar...me incorporé hacia delante para disimular mi empalme. Yo, que nunca había pensado en sexo cuando hablaba con una chica. Y que aún, ignorante de mí, tenía una visión platónica del amor. Y ni tan siquiera sabía qué hacer con una chica a solas (y había tenido oportunidades).
    
    Noté su mano encima de mi hombro mientras me empujaba hacia atrás. Yo estaba enrojecido sin saber qué hacer.
    
    - Nn...nada...no me ocurre nada. - pude decir con esfuerzo mientras la miraba de reojo.
    
    - Ah ¿no?...y eso. - Me quedé mirándola mientras ella con una mirada pícara me señalaba mi polla, toda empalmada y queriendo salir del bermudas.
    
    Volví a agachar la cabeza. Si me levantaba, mi polla aún reluciría más. Así que opté por permanecer sentado.
    
    - ¿Es eso lo que te preocupa?...tranquilo...¡contéstame!.
    
    Después de largo rato asentí con la cabeza.
    
    - A ver...déjame mirar.
    
    Noté una mano encima de mis muslos que avanzaba hacia mi polla. Cuando se posó sobre ella empezó a tocarla de arriba ...
    ... abajo, recorriéndola en su longitud. Yo brincaba a cada recorrido que me hacía, apretándome más hacia el respaldo, hundiéndome en la colcha.
    
    - Tranquilo. Relájate.
    
    Ella seguía apretando y recorriendo mi polla ahora con sus dos manos. Yo seguía hundiéndome más y más en mi respaldo, notaba un calor que empezaba en mi polla y me recorría el cuerpo desde los pies hasta la cabeza.
    
    - Vaya, vaya, vaya. Tienes una buena inflamación. Tendrás que bajarte los pantalones y que te la calme.
    
    Escuché sus ahogadas risitas mientras me quitaba el nudo y me bajaba los pantalones. Hice un amago de incorporarme, pero ella me empujó hacia atrás y con una mirada pícara y una sonrisa diabólica me paró:
    
    - Tranquilo primito...será un verdadero placer.
    
    Yo no sabía qué hacer, me limité a obedecer. Me bajó y quitó los pantalones por completo.
    
    - Ahora adelanta tu culo hasta el borde del asiento, abre y estira las piernas y suelta la tensión de tus brazos mientras te quito la...."inflamación" - se relamió los labios y sonrió.
    
    Hice caso a todas las indicaciones. Pues no sabía qué hacer, incluso dentro de mi ignorancia temía que esa inflamación fuese mala.
    
    Ella empezó a cogerme la polla con las manos, moviéndome la piel y mostrando y ocultando suavemente mi capullo. Mi polla era en ese momento el centro del mundo, y repartía sensaciones a lo largo de mi cuerpo que me hacían tensar los músculos de las piernas, nublar mi cabeza y respirar agitadamente. Ella continuaba masajeando mi polla ...