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Anita de tus deseos (capitulo 13)
Fecha: 23/05/2021, Categorías: Dominación / BDSM Autor: cleversex, Fuente: CuentoRelatos
Me desperté a eso de las nueve y papá nuevamente no estaba en la cama. Me levante, fui al baño, me mire en el espejo y vi que la inflamación de los correazos había remitido aunque se veían todavía las marcas rojas. No sé cómo explicarlo, y posiblemente alguien pensara que estoy loca, pero lo cierto es que me sentía orgullosa de esas marcas. Pasé la yema de los dedos sobre ellas y noté el ligero abultamiento que presentaban, y me excité levemente. Bajé a la planta inferior y oí a papá que trajinaba en el sótano. —Buenos días papá. ¿Quieres que prepare el desayuno? —pregunté desde la cocina en lo alto de la escalera. Lo hice un poco temerosa porque todavía no sabía a que atenerme y si dirigirme así a papá era lo correcto. —Sí, prepara algo, —contestó desde el sótano con naturalidad—. Prepara también algo de pasta para comer a medio día. Me puse rápidamente a preparar las cosas, y mientras lo hacia, oía a papá trabajar en el sótano. Lo que más me llamaba la atención es que oía la taladradora y estaba muy intrigada por saber que estaba preparando. Intrigada y excitada, y mientras preparaba las cosas no podía evitar que de vez en cuando me tocara el chocho con la mano. Casi estaba preparado cuándo papá subió. En ese momento estaba en el fregadero lavando unos vasos, se acercó por detrás y sin decir nada me agarró por las caderas y me la metió hasta el fondo con fuerza. Fue tal la oleada de placer que sentí al notar su polla presionar en fondo de mi vagina, que se ...
... me aflojaron las piernas y grité cómo preámbulo de un montón de gemidos. Me folló con saña, me tiró del pelo hacia atrás y me daba azotes en las nalgas. Y todo frente a la ventana, aunque desgraciadamente no se veía mucho desde la calle. Me corrí un par de veces antes de que papá se corriera. Cuándo lo hizo, me soltó el pelo y cogiéndome de la caderas apretó fuerte varias veces mientras eyaculaba. Salio de mí, y me dejó apoyada en el fregadero mientras me recuperaba y su abundante semen se escapaba de mi vagina. Se sentó a la mesa y esperó a que terminara de limpiarme con papel de cocina. Después, le serví café y me senté a la mesa. No desayune mucho: café y alguna galleta. La noche anterior no cene, pero no tenía hambre. Los nervios y la incertidumbre sobre lo que papá había estado preparando en el sótano me atenazaban el estómago. Sé que se dio cuenta, pero no dijo nada. La verdad es que no dijo nada de nada: permaneció en silencio mientras desayunaba. —Si ya has terminado vamos a bajar, —dijo cuándo termino su café. —¿Quieres que me duche antes? —pregunté levantándome. —No, no es necesario. Vamos, —y se dirigió a la escalera. Le seguí, y cuándo llegué abajo pude comprobar que los aparatos de musculación, la cinta de correr y la bici de spinning ya no estaban en el centro cómo antes. Ahora estaban bien colocadas en un lateral, dejando libre más de la mitad del sótano. Dónde estaban antes, ahora había, en un lateral, una gran mesa de madera maciza con grilletes de ...