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Anita de tus deseos (capitulo 13)
Fecha: 23/05/2021, Categorías: Dominación / BDSM Autor: cleversex, Fuente: CuentoRelatos
... cuero y cadenas en las esquinas, una cama que era un somier con patas y un colchón, ocupaba otro lateral. Dos maderos cruzado en forma de aspa, formando la cruz de san Andrés, estaban en la otra pared libre. Un sillón de los que usan los ginecólogos ocupaba un rincón, y en el otro, un potro parecido a los que se usan en gimnasia. De una de las vigas del techo, colgaba una polea doble por dónde serpenteaba un cable que terminaba en un gran mosquetón y empezaba en un cabestrante con manivela que había en la pared, en un rincón. Por último, reparé en un mueble auxiliar con ruedas y con cajones de cuyos laterales, en unos colgaban varios tipos de látigos y del otro, varias madejas de cuerda. Estaba estupefacta. ¿de dónde había salido todo esto? Si de algo estaba segura es que en casa no estaba. Papá lo debió adivinar. —Todo esto lo tenía en un trastero de alquiler. Lo llevé allí después de la muerte de tu madre, y ayer por la mañana lo he traído. —¿Mama usaba todo esto? —No. Yo usaba todo esto con tu madre, —respondió muy serio. Instantáneamente me llevé la mano al chocho y noté cómo la excitación aumentaba en mí. Papá también lo vio, pero no dijo nada. Abrió uno de los cajones del mueble y sacó unas muñequeras. No eran cómo las otras: estás tenían unas piezas de cuero a los lados rematados por unas argollas. Me las puso ajustando bien las correas y después cogió una barra de hierro rematada en los extremos por mosquetones y la sujetó a las muñequeras. Sujetó la ...
... barra al mosquetón de la polea y empezó a dar vueltas a la manivela. La barra fue subiendo hasta que llegó al tope. Mis pies se fueron despegando del suelo hasta que quedaron a medio metro. Notaba la presión de las muñecas, pero no me dolía. Papá se aproximó empujando el mueble y se situó frente a mi. Empezó a pasar las manos por mis costillas, nítidamente marcadas. Estaba muy asustada, pero al mismo tiempo estaba muy excitada. Sus manos recorrieron todo mi cuerpo, hasta que abriendo otro cajón sacó una tobilleras. Me las puso y atando cuerdas a sus argollas me separo las piernas atándolas a unos enganches que estaban taladrados al suelo. Mi cuerpo se convirtió en un aspa totalmente accesible a papá. Siguió tocándome, hasta que finalmente su mano se alojó en mi vagina. Empecé a gemir y mientras me estimulaba con una mano con la otra empezó a darme azotes en el trasero. Llegué al orgasmo y mientras me corría, papá cogió un látigo con muchas puntas, un látigo de colas, y empezó a azotarme la espalda. Chillé, pero el orgasmo continuó en una mezcla de dolor intenso y placer. Se separó para poder golpear mejor y siguió azotándome con el látigo con un ritmo cadencioso. La espalda, los riñones, el trasero, los muslos: todo recibieron los impactos del látigo. Me retorcía colgada de la manos, pero al tener los pies también sujetos lo conseguía poco. Chillé con todas mis fuerzas y empezó a dolerme la garganta, pero papá siguió imperturbable. De repente, desde atrás recibí un impacto ...