1. Anita de tus deseos (capitulo 13)


    Fecha: 23/05/2021, Categorías: Dominación / BDSM Autor: cleversex, Fuente: CuentoRelatos

    ... en el chocho, y luego otro, y otro. Chillaba aun más si eso fuera posible, lloraba, suplicaba, sudaba cómo yo creo que nunca he sudado, intentaba infructuosamente resistirme, y entonces, dejó de azotarme y puso su mano en mi vagina estimulándome vigorosamente. Fue casi instantáneo: empecé a gemir y a los pocos segundos me corrí llenándole la mano con mis fluidos. Siguió sobándome el chocho para alargar mi placer hasta que se separó, se puso delante de mi y empezó otra vez a azotarme, esta vez por delante. A pesar de tener mi movilidad muy reducida, intentaba esquivar un poco los golpes y creo que eso desagradó a papá. Me dio un último golpe muy fuerte en el abdomen, y se acercó al mueble. Buscó en los cajones y saco una mordaza de bola y una mascara. Me puso la mordaza, que era mucho más grande que las que había usado antes y además tenía agujeros, y a continuación me hizo una coleta antes de ponerme la mascara. Era cómo un casquete que me cubría toda la parte superior de la cabeza, los ojos incluidos, y se ajustaba con una correa por debajo de la barbilla. La luz desapareció para mi y ahora recibía los golpes de papá sin intentar evitarlos. Después de un rato largo de golpes, se centró otra vez en mi vagina. Me dolía una barbaridad pero la posibilidad de que volviera a estimulármela con la mano me hacia gozar con cada golpe. Insistió cómo si esperara algo: ¿seria capaz de correrme solo con los golpes? Ya lo creo: lo hice. Noté cómo el placer aumentaba con cada golpe y ...
    ... cuándo llegué al orgasmo y mis abdominales se contraían, dejó de golpear y me agarró el clítoris con los dedos. Empezó a retorcerlo y me creí morir. Berreé, chillé y me meé. Un mar de babas salía por los agujeros de la mordaza. Entonce las fuerzas me abandonaron y me quedé inerte, aunque no podía evitar el ligero temblor que se adueñó de mí. Mientras seguía acariciándome el chocho, con la otra mano recorría todo mi cuerpo sudoroso. Su mano se deslizaba por el cómo por una pista de patinaje. Creo que se quitó la camiseta y con ella me secó el sudor. Cuándo terminó, empecé a notar nuevamente el dolor de las muñecas mientras oía cómo rebuscaba algo en los cajones. Le noté a mi lado y me llegó un inconfundible olor a alcohol. Volvió a pasar sus manos por mi cuerpo y sentí el tremendo escozor del líquido sobre las erosiones de los latigazos. Me quejé mucho, pero mucho más cuándo pasó su mano mojada por mi chocho. Entonces me retorcí, o al menos lo intenté. Lloraba a lágrima viva bajo la mascara pero papá no se enterneció y continuo mojándome con el alcohol. Sin esperarlo, sentí que algo me presionaba el ano y se abría paso por él. De lo que estaba segura es de que no era lo polla de papá: era algo mucho más fino, y además vibraba. No opuse resistencia: no podía. Empezó a follarme el culo con el vibrador al tiempo que con la otra mano me daba golpes en el chocho. ¡Dios! Me dolía. Me gustaba. Notaba cómo el deseo se volvía a adueñar de mí sin poder evitarlo, pero esta vez tardé mucho más ...
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