1. Descubriendo a mi nueva madre


    Fecha: 01/06/2021, Categorías: Incesto Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... vida.
    
    - ¡Buenos días cariño! – escuché la voz de mi madre – Levántate ya que es tarde.
    
    Abrí los ojos y allí estaba mi madre, de pie junto a la cama, con aquel camisón que la hacía muy sensual a la vista, con aquel pelo rizado y suelto, con sus hermosos ojos verdes y sus carnosos labios rojos. Se subió en la cama, sobre mi cuerpo y me besó intensamente en los labios. Mi corazón se aceleró y mi polla se puso dura. Dejó de besarme y me miraba a los ojos, podía sentir su sexo sobre el mío, podía sentir como sus caderas se agitaban suavemente y se frotaba contra mí. Su mano acariciaba mi pelo mientras una hermosa sonrisa se dibujaba en su boca. Aquella era la habitación de mi padre y ella me besaba.
    
    - ¡Hazme el amor! – me dijo.
    
    Las palabras de mi madre me hicieron botar en mi cama. Era de día y miré a mi alrededor. Estaba en mi habitación, había sido un sueño. No podía imaginar que significar que mi madre me pidiera sexo, pero mi situación sentimental estaba haciendo que perdiera la cabeza. Me levanté y aún mi corazón latía acelerado. Caminé por el pasillo hasta llegar a su habitación. Llamé y no contestó, abrí y pude comprobar que aquella habitación era diferente a la de mi pesadilla. Cuando murió mi padre ella cambió muchas cosas, aquella habitación era una. Bajé y la busqué por toda la casa, no había rastro de mi madre. Cogí un baso de agua y me senté en la cocina.
    
    Escuché la puerta abrirse, no sé cuanto tiempo llevaba sentado en la cocina, pero al verla me ...
    ... sentí alegre. Si cuando me fui ella proyectaba tristeza y apatía, desde que la vi en el aeropuerto todo lo que sentía era alegría al verla. Soltó unas bolsas en la mesa y se sentó frente a mí mostrándome una maravillosa sonrisa.
    
    - ¡Ya qué estás despierto, qué te parece si vamos a desayunar al bar!
    
    Acepté y media hora después los dos estábamos sentados en la mesa mientras esperábamos que nos trajeran el desayuno. El trayecto entre nuestra casa y el bar era corto, pero tardamos una eternidad pues mi madre me presentaba ante todos sus conocidos, orgullosa de tener de nuevo a su hijo con ella. Yo la miraba y me sentía extraño al ver que ya no era la mujer amargada que había hecho mi padre, no, ahora era una mujer que le gustaba vivir y que se mostraba feliz en la vida. Nos trajeron el desayuno.
    
    - ¿Esto es lo que haces todos los días? – le pregunté.
    
    - ¡No, para nada! – me dijo – Por las mañanas voy a clases, hasta el medio día si no tengo que hacer alguna práctica por la tarde. Después vuelvo y estudio un poco. Bueno, eso es lo normal pues a veces me surgen otras cosas.
    
    - ¿Y hoy no vas a clases?
    
    - No, ni hoy jueves ni mañana. He quedado con mis compañeros de clases este sábado. Así te conocen y aprovechamos para estudiar y que me den los apuntes.
    
    - Vale. – le dije y acabamos de desayunar.
    
    - ¡Vamos a casa a ordenar todas tus cosas! – me dijo y volvimos sin encontrarnos a tantas personas a las que presentarme.
    
    Subimos a mi habitación y empezamos a sacar las ...
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