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Descubriendo a mi nueva madre
Fecha: 01/06/2021, Categorías: Incesto Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... totalmente erectos. - ¿Quieres poseer a mamá? β me dijo de forma tan sensual que mi polla se puso más dura de lo que nunca la había sentido. - ¡No! β le contesté mientras acariciaba sus piernas y su rostro mostraba desconcierto - ¡Quiero hacerle el amor a mi madre y qué goce cómo nunca antes! β volvió su dulce sonrisa y se preparó para ser amada. Mis manos fueron directamente al filo de sus bragas y se las quité. Ella se movió sobre la cama hasta colocarse sobre mí, su coño a la altura de mi polla. Me miró a los ojos y los dos sonreímos. Abrió los labios vaginales de su coño y bajó hasta tener mi endurecida polla entre ellos. - ¡Qué coño más caliente! β dije y sentí como empezaba a moverse para frotar nuestros sexos. - ¡Sí hijo, mamá te dará todo lo que necesites! β agarró mis manos y las llevó a sus pechos, empecé a acariciarlas mientras sus caderas agitaban nuestros sexos - ¡Qué hijo más bueno tengo! - ¡Mamá, siento qué me voy a correr! β dije mientras agarraba sus pezones con mis dedos para disfrutar de su dureza. Ella se movió y sentí que mi polla se perdía dentro de la cálida vagina de mi madre. Lancé un ...
... gemido. - ¡Sí cariño, llena a mamá con tu semen! β se inclinó hacia delante y me ofreció sus tetas - ¡Mamá necesita darle de comer a su hijito! Mi lengua y mis labios acariciaban sus pezones y la mamaban descontroladamente mientras mis caderas se agitaban enloquecidamente para penetrarla. Agarré sus caderas y hundí mi polla totalmente en ella. Lancé un gran gemido y empecé a lanzar mi semen dentro de mi madre. - ¡Sí hijo, sí! β agitaba sus caderas recibiendo mi semen - ¡Vamos cariño, goza con tu madre! Quedé sin fuerzas, mi madre permanecía sobre mí, con mi polla bien clavada mientras levemente se agitaba para que mi polla entrara suavemente en ella. Poco a poco menguaba hasta que salió por completo de su vagina. Ella se tumbó junto a mí y nos abrazamos. - ¡Te quiero hijo! β me dijo y besó suavemente mis labios. - ¡Y yo a ti, mamá! Nos quedamos dormidos, abrazados y disfrutando de nuestra nueva vida, una vida en la que no importaba que fuéramos madre e hijo, nos daríamos todo el amor que necesitábamos sin importar de qué tipo fuera. Nos dormimos y ya despertaríamos el sábado para continuar con nuestro amor.