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Comienzo (Parte III) Mi último día de virginidad
Fecha: 06/06/2021, Categorías: Gays Autor: Dulce Fuego, Fuente: CuentoRelatos
... involuntariamente mis caderas se mecían con fuerza de adelante hacia atrás haciendo chocar mis nalgas descubiertas contra la mampara y mi pelvis contra mi mano, obedeciendo los dulces apretones que mi coñito aplicaba alrededor de mi dedo. Oh, estaba cerca de mi clímax y sentí cómo mis pezones se habían puesto muy duros, subí la mano con la que me había estado abriendo los labios exteriores para apretar mis senos, unos brillantes hilitos plateados se formaron desde mi vagina hasta mis dedos cuando los separé de mi coñito, limpié mis fluidos de mis dedos en el borde de la falda levantada y metí mi mano debajo de la blusa para bajarme un poco el sostén y encontrar un pezón endurecido que apreté en leves y repetidos pellizcos, en ese momento aumenté el ritmo con que me estaba dedeando y terminé por explotar, todo mi cuerpo se contrajo como en una convulsión que casi me tira al suelo, pero no dejé de mover mi dedo en ese rico ritmo de mete y saca; mis muslos de jovencita rodeados por el elástico de mis bragas mojadas temblaban sin control, víctimas de la intensidad de mi orgasmo, mis nalgas recargadas contra la mampara del wc estaban paraditas y duras y se sacudían muy fuerte contra la mampara, sentía cómo mi dedo era deliciosamente estrangulado por la húmeda estrechez de mi vagina en las repetidas convulsiones de las paredes interiores de mi cavidad, era como si no quisiera dejarlo ir, como si quisiera atrapar al invasor para siempre. Luego, poco a poco me relajé, me saqué el ...
... dedo de la vagina, me subí el calzoncito y puse la falda en su lugar. Ya podía ir en paz a mi primera clase del día. Salí del wc y me disponía a lavarme las manos, pero para mí terror no había agua en el grifo, el único remedio que se me ocurrió fue frotar mis manos contra mis calcetas del uniforme, luego me llevé los dedos a la nariz para olfatearlos, qué impresión, era una putita apestosa a lubricación vaginal. Pero se hacía tarde y podía ver desde la entrada de los sanitarios que mi profesor de química ya estaba por comenzar su clase, el tipo era un cabrón, se portaba como si le hubieran sustraído nueve décimas partes de humanidad. Corrí para que no me cerrara la puerta. Ocupé mi lugar en el salón de clases, que ese día por haber dejado mi mochila en el asiento contiguo al de Ricardo, no sería el que habitualmente elegía, a dos filas de él para poder verlo sin que se enterara y coleccionar imágenes suyas para mis sesiones masturbatorias de la noche. Ya por el final de la clase, Ricardo bajó su mano hasta mi pierna aprovechando que la mirada del profesor se concentraba en el pizarrón, pero no me tocó, solo dejó sobre mi falda un caramelo y un papelito doblado por la mitad. Cuánta ternura hay en esos gestos, a esa edad, las notitas y los pequeños detalles de los hombres hacia mí, me hacían adorarlos y cargaba de otros agradables matices mis deseos sexuales. En el papelito que Ricardo me dejó me preguntaba si quería ser su novia. Yo me emocioné mucho, siendo una chiquilla ...