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Sasha de la tundra
Fecha: 08/06/2021, Categorías: Gays Autor: ttm, Fuente: SexoSinTabues
Sasha de la tundra En los años setenta, yo, Hans, trabajaba como comercial de una importante empresa de conservas de pescado holandesa. Uno de nuestros suministradores de pescado que yo recorría durante los meses previos y posteriores al invierno era un pueblecito perdido en las costas del mar Báltico, Varnek, que entonces era un pueblo básicamente marinero que trabajaba para nuestra compañía por un tratado suscrito entre el gobierno ruso y nuestra compañía. Así, cada año tenía que hacer cuatro visitas a las instalaciones de la cooperativa soviética que se encargaba de proporcionarnos pescados en salazón de aquellas gélidas aguas que importábamos y manufacturábamos para el mercado mundial. Aquella pequeña aldea aislada era tan inhóspita como desangelada. Las cuarenta casas de pescadores eran de madera, viejas y poco acogedoras. El viento y el frío de su otoño y primavera ya eran bastante disuasorios de cualquier tipo de vida exterior que no fuese la estrictamente necesaria. Durante los rigurosísimos inviernos quedaban prácticamente las pocas personas que quedaban, casi exclusivamente hombres, permanecían aislados por la nieve. Yo siempre me alojaba en el único hostal-bar-tienda del pueblo. Una casita un poco más grande que las otras, pero tan desvencijada como todas. Allí pasaba unos 4 ó 5 días en cada uno de los viajes, el tiempo imprescindible para poder contactar con los directivos de la cooperativa y revisar producción y el funcionamiento de las instalaciones. El ...
... resto del día lo pasaba en el bar o en la habitación, con más pena que gloria. A partir de la 4 de la tarde ya era negra noche y una docena de pescadores se reunían algunas noches en el decrépito bar para mitigar su soledad y el frío. La primera vez que llegué a la posada el dueño, un hombre grandullón y desgarbado de barba espesa y blanca que ya debía de tener cerca de sesenta años se encargaba prácticamente de todo ayudado por su hija, una bella caucásica de rubios cabellos y piel de porcelana maltratada por una vida dura y unas circunstancias vitales feroces. Me explicaron que la mujer del posadero había muerto hacía ya muchos años y que su hija se había quedado embarazada a los dieciséis de un marinero que la abandonó con un nene todavía en su vientre. Padre e hija deambulaban por las dependencias con un semblante que hablaba de sus desgracias y les confería un retraimiento todavía mayor del que ya era natural en aquellas gentes tan enfrentadas a un clima tan severo. Si a la madre se la veía poco, todavía menos se coincidía yo con su hijo Sasha, un mozalbete de cabellos lagos y de un rubio tan blanco como su blaquísima tez. A la madre la dejé de ver a partir de uno de los primeros viajes. me contaron que se había marchado a trabajar a una fábrica a Moscú y que había dejado al nieto con su ya viejo padre. Los primeros años que fui a Varnek yo me encerraba después de cenar a mi habitación hasta la mañana siguiente, intentando acortar el contacto con aquel mundo limitando mi ...