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La tesis del sexo
Fecha: 17/06/2021, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Profesor, Fuente: CuentoRelatos
... luego con las uñas de sus pies, las cuales lucían bien pintadas, me volviera a rosar el escroto. Esto hizo que me estremeciera, ya que mi piel se erizó desenfrenadamente. Llegó el momento de descubrir su enigmático tatuaje y quitándole su jean noté que se adentraba hasta su zona genital, la cual estaba aún cubierta por sus cacheteros negros. Ansioso de seguir explorando tal dibujo corporal, la despojé de su ropa interior y observé que le llegaba hasta la parte superior de su vulva. Consistía en una especie de flecha que, como dije anteriormente, iniciaba en su cintura y terminaba en sus partes íntimas, indicando el camino hacia el placer perenne. Le pedí que arqueara su espalda y eso me excitó mucho, pues su delgadez permitía que su delicioso cuerpo fuera generosamente flexible. Recorrí con mi lengua toda su columna vertebral mientras mis manos manoseaban sus pequeñas tetas. Luego se me ocurrió la loca idea de que me estimulara el ano, sin penetrarlo. —Quiero que roce mi ano con sus largas uñas de los pies, pero sin meterme dedo alguno. Eso me puso extremadamente caliente. Jugué un rato con su clítoris, haciendo circulitos con mi lengua en él, lo cual la puso muy ardiente, ya que emitía unos gemidos, aunque tenues, bastante prolongados. Este músculo también exploró su vagina, quedando aprisionada de placer allí. La flaca se retorcía de placer cuando la penetraba, pero quise hacerlo por detrás a lo cual se opuso, pues no quería que se lo metiera por el ...
... culo. Me molesté porque realmente quería hacerlo y luego de pasarle mi lengua por el asterisco de su ano y humedecer la zona, mi pene hizo su entrada triunfal a su recto. Me daba mucho morbo acariciarle las tetas mientras se lo metía por el culo, ya que mis manos cubrían la totalidad de ellas. Podía manosearlas con total libertad. Su cabello también me excitaba mucho. Se lo tomaba, le hacía una cola de caballo o en su defecto dos trenzas (como riendas) y poniéndola en cuatro la galopaba a mi yegua. Me dieron ganas de acabar y desde que le vi ese tatuaje sabía que ahí debería caer mi semen. La acosté boca arriba y le dije que debía hacerme venir con los pies, procurando que la leche cayera sobre él. Valiéndose de su flexibilidad, me masturbó muy rápidamente y, logrando su cometido, y yo mi orgasmo, hizo que derramara mi avalancha blanca sobre la flecha de su cuerpo. Seguidamente, cubrí el contorno de su tatuaje con mi flujo y eso me excitó bastante, pues parecía que no fuese hecho con tinta, sino con semen. —La pasé rico, nunca pensé que esta asesoría terminara así. —Ha sido una de las mejores que he dado. —¿Cómo es posible que nunca me dio clase? Es una lástima que después de graduarme me tenga que ir de la ciudad porque trabajaré en la capital. —Sí, una lástima Ángela. Se colocó sus cacheteros, su jean y por último su blusa negra, me lanzó un beso al aire, la profundidad de sus ojos oscuros, brillaban del placer dado y obtenido; y dejó mi apartamento y a su ...