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Noche de pasión en Lisboa (VI): Fin de semana en la quinta
Fecha: 17/06/2021, Categorías: Gays Autor: alfredo1257, Fuente: CuentoRelatos
... autopista, y en una zona casi sin tráfico, le entierro el acelerador y durante un par de minutos voy conduciendo a 190 km/h según el cuentaquilómetros. Ya me he sacado la espina, así que levanto el píe y termino el trayecto a una velocidad mucho más moderada hasta que arribamos, por fin, a la quinta. Al meter el coche en el garaje, aparte de la berlina de Ana María, aparcada en un lateral, hay una moto, grande como un camión articulado. Amália me dice que es el capricho de su cuñado. No entiendo de motos, y no sé qué modelo es, pero sí reconozco el logotipo de Harley Davidson. Realmente es una máquina preciosa. Cuando veníamos de camino, Amália contactó telefónicamente con Ana María, avisando que ya estábamos llegando, por lo que ya estaba la mesa preparada y nos dispusimos a cenar. Nos sentamos a la mesa por parejas, de tal manera que yo quedé enfrentado con Ana María y su marido enfrentado con Amália, lo que íntimamente agradecí. No me sentía con ánimos de verle a la cara durante toda la cena. El trato entre nosotros dos seguía siendo correcto, pero distante. Paulinha trajo el arroz famoso, y lo puso en la mesa, cabizbaja, sin mirar a las mujeres a la cara. Lo que en ella era toda una declaración de intenciones. Sabía el por qué del plato. Había hablado con Marta, y tengo para mí, que ella estaba de acuerdo. Ana María, al ver el arroz malandro, levantó la vista interrogando a Amália, y mi amiga le hizo un ademán imperceptible que significaba algo así como ...
... “después te cuento”. He de decir que por no dar el brazo a torcer, ambas se sirvieron y dieron cuenta de sus raciones como si no ocurriese nada. O eso, o es que sabían a ciencia cierta que no había nada más preparado para cenar. Conocían a Marta. Cuando terminó la cena, me disculpé diciendo que iba a felicitar a Marta por la cena, como así hice. Al entrar en la cocina, Marta y Paulinha estaban cenando juntas, dando cuenta de un arroz con los menudillos del pato. A pesar de haber cenado maravillosamente se me hizo la boca agua. Me encantan ese tipo de arroces. —Marta, le felicito por el arroz, estaba delicioso. Y quisiera además darle las gracias por las atenciones que ha tenido durante la semana conmigo. Me he encontrado como en mi propia casa. —¿En su casa también duerme en el sofá? – Me contesta con todo el descaro, mientras me sonríe. —A veces, Marta. A veces. – contesto sonriendo, a mi vez. Quiero aprovechar para despedirme de ustedes, ya que mañana salgo temprano y probablemente no tendré tiempo de hacerlo adecuadamente. —¿Puedo darle un beso? – Me solicita —Claro que sí. Y dos si quiere. Se levantó de la silla, y limpiándose las manos en la punta del delantal que todavía llevaba puesto, me las puso en los hombros y me estampó un beso en la mejilla al tiempo que me decía: —Volte sempre (vuelva siempre). – Ya soy oficialmente de la familia. Me despedí de Paulinha con un beso en la frente, recomendándole que se portase bien y que no hiciese ...