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Mamá coqueta
Fecha: 01/07/2021, Categorías: Dominación / BDSM Autor: DENYS PERVERSO, Fuente: CuentoRelatos
... vino aullando como una perra. Su panocha escurría inundando sus nalgas. Mis huevos estaban también muy mojados. Pero mi verga aún no estaba satisfecha. Se la saqué y protestó. Pero me levanté y se la metí en la boca. Que rico mamaba mi madre, debo reconocerlo. Parecía un crío, era un beso el que mi madre le daba a mi verga. Hasta que la hizo estallar dentro de su boca. Me asombró ver como se tragó mi semen sin hacer gestos. La relación, entre Marcela y yo cambió. Tanto, que no quería que le dijera mamá. Nos convertimos en cónyuges. Esa misma noche preguntó. —¿dormimos en tu cuarto, o en él mío? Fue una grata sorpresa. Sobre todo, porque Marcela, había tomado un baño y a pesar de no traer maquillaje, se veía muy linda y seductora. Se avecinaba un cambio en mi vida, y me negaba a ello. Acostumbraba andar todo andrajoso y no me bañaba. El aroma de mis pies era, insoportable. Pero al ver como Marcela se había bañado para mí. Le contesté que en su cuarto. Quería utilizar la misma cama donde papá se la había cogido tantas veces. No sé, se me hacía excitante ese hecho. Andaba de aquí para allá, mudando mis cosas a nuestra alcoba. Con más pena que convicción me metí a bañar. Tallé tan duro mis pies, que hasta rojos se pusieron. Lamentablemente, no logré quitarme el aroma, no todo como yo hubiera querido. Estaba muy excitado, pensando en la grata noche que me esperaba junto a Marcela. Sentí pena de haberla tratado como a una cualquiera. Pero ahora sería diferente. Me la iba ...
... a parchar con todo cariño. Con todo el cariño que le tenía por ser mi madre. Y ahora mucho más, por haberse convertido en el increíble depósito del líquido que arrojase mi verga. Cuando entre a la recamara, Marcela se había puesto un minúsculo baby doll. Vestida de esa forma, hizo que mi corazón se acelerara. A mis 18 años, la excitación habita en la punta de la verga. Por lo menos en la mía sí. La sensual prenda transparente, revelaba sus pechos sin sostén. El largo de esta, apenas llegaba a su ombligo. De tal forma, que sus pantaletas quedaban al descubierto. Eran de satín negro, y parecían brillar más en el abultado triangulo de su exquisita intimidad. Como bien dijo mi madre, me quedé parado como un pendejo. Pero ella era como una revelación. Un sueño que jamás hubiera pensado fuese posible. ¿Debía acaso agradecer a mi padre haberse ido con otra mujer? Pues se lo agradezco. Porque me dejó a su mujer, mas buena de lo que él pudiese apreciar. Por lo menos no podía apreciarla de la misma forma que yo. Porque él ya no la deseaba. Y yo si la deseaba con toda mi alma. Ese cuerpo ahora era mío. Qué bueno, que no le dio por darle las verijas a otro. Sus piernas firmes y carnosas, lisas y tentadoras, sentí ganas de besarlas. En este instante aprecié realmente la belleza de Marcela. Su cabello, sus ojos, sus pechos, sus piernas, su pubis, sus nalgas casi hacían saltar mis ojos de sus cuencas. Esas nalgas que tantas veces vi al agacharse, y que ahora se exhibían libres a mi ...