1. Ciclo de la vida


    Fecha: 13/07/2021, Categorías: Incesto Autor: Anónimo, Fuente: SexoSinTabues

    ... él me montaba un pollo tremendo con el consiguiente castigo. Veía las sonrisas ladinas del resto cada vez que pasaba. Según mis hermanos, es que era un poco rebelde y contestona. Me pasaba por el forro del coño su opinión. Y a mi viejo también, que me tenía hasta las tetas de darme órdenes, de llamarme la atención o de castigarme sin salir. En fin. A lo que iba, estaba contando una historia irreal y hasta ahora sólo he descrito la realidad, la misma realidad que sufrían de la mayoría de mis amigas. Supongo que parte de la situación se debía a que no tengo madre (lo habían dicho los psicólogos del cole, no yo), murió cuando nací, no se recuperó del parto. Con los avances de ahora, no sé cómo pudo pasar, nadie cuenta nada, sólo que se apagó (parece una bombilla), como si al asomar yo la cabeza a la vida, ella dejara la suya. Aunque sigo sin entenderlo, ahora ya sé lo que ocurrió. En mi casa no había ni una foto de ella, me parecía curiosísimo. Cuando preguntaba a mi padre cómo era, me decía: mírate al espejo, si no tuvieras esas pintas, serías clavada. Si se lo preguntaba a mis abuelos, me decían lo mismo, que era igualita a ella (si no tuviera estas pintas) Estaba hasta el culo de que me dijeran nada de mis pintas ¡Si vieran las suyas! En fin, ¿Por qué no había fotos? Contaban que mamá, antes de nacer yo, las tiró todas. Debía de estar como una puta cabra. Eso pensaba. Cuando era pequeña, mi padre me adoraba, era su ojito derecho y parte del izquierdo, mis hermanos me ...
    ... llamaban la mochila porque siempre iba colgada de él fuera a donde fuera e hiciera lo que hiciese. Con el paso del tiempo y mi entrada en la pubertad, la situación fue cambiando; no era mi padre el que no quería que fuera con él, simplemente yo prefería otro tipo de cosas. Ver la tele, ir con mis amigas, conocer chicos… Y, por lo visto, empezar a contestar mal cada vez que se me pedía algo o se me llamaba la atención. Mi padre pasó a convertirse en un auténtico coñazo, que si Lidia haz esto, haz lo otro, que si estudia, que si no salgas, que si ven a la hora… Todo eran normas y controles que me daban, como he dicho, cien patadas en el coño (¿O era el hígado?). Ahora, a mis veintiún tacos, hasta él pasaba bastante de mí, eran mis hermanos los que se encargaban de que me portara medianamente y era yo la que les mandaba a tomar viento fresco. A Teresa, la buena, la mayor, la que se convirtió en Mamá Pollo, la tenía totalmente dominada. Por casualidad (benditas casualidades) me enteré de ciertas inclinaciones sexuales que, seguramente, no le harían ninguna gracia a papi, así que, a pesar de los juramentos de ella en contra de las evidencias, a pesar de echarse un novio durante una temporadita (muy cortita), llegué a la conclusión de que la buena de mi hermana era de la otra acera. Cielo abierto para ciertos chantajes. Además, en uno de sus días de calentura la pillé haciéndose un dedillo, murmurando el nombre de no sé qué tía; aprovechando la situación (a mí me da igual una cosa que ...
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