1. Mi amiga Feli me llevó hasta él (2): En las fiestas con Abel


    Fecha: 18/08/2021, Categorías: Gays Autor: janpaul, Fuente: CuentoRelatos

    ... polla estaba en mi interior. Pregunté:
    
    — ¿Todavía?
    
    — No, quería despertarte del mismo modo en que nos dormimos y así estamos, solo sigo si tu quieres.
    
    — Quiero.
    
    Y de nuevo hicimos el amor, entrando las primeras luces del día y con un movimiento rabioso por parte Abel que me hizo llenar mi culo, mi cuerpo y sobre todo mi corazón de un placer sin igual. Se vino dentro de mí y nos quedamos en posición fetal, yo eyaculé rabiosamente también. Comí de mi semen y le di a Abel, favor que me devolvió con un beso y un leve mordisco al pezón de mi oreja libre.
    
    Desde allí le pregunté:
    
    — ¿Estás mejor preparado para las muchas actividades que tienes hoy?
    
    — Estoy mejor que nunca, ya lo verás.
    
    Nos levantamos, nos duchamos y nos fuimos a desayunar al convento de las monjas para encontrarnos con Feli. Estaba radiante, contenta de vernos. Al acabar el desayuno, Abel salió corriendo porque tenía que preparar algunas cosas para la mañana. Yo me llevé a Feli, porque tenía ganas de estar con ella. Las monjas me dijeron que ellas la llevarían a misa, que yo podía irme con los mozos del pueblo y les dije que a la hora de ir a la misa la traería, que la iba a sacar y aprovechar un poco para hablar con ella. Las monjas alababan todo y nos fuimos.
    
    Nos acercamos a una fuente que había en una plaza y tenía muchos árboles que daban buena sombra. La acerqué a un banco, me senté. De pronto la vi acalorada. Me levanté, me quité la camiseta, fui a la fuente, mojé la camiseta con ...
    ... agua y la llevé donde Feli y se la pasé por la cara. Lo agradeció, escurrí la camiseta y me la puse. Se me pegó al cuerpo y me marcaba todo, sobre todo los pezones.
    
    — Qué guapo estás así, —dijo Feli.
    
    — Se secará pronto, —le dije.
    
    — ¿Sabes que eres único? Nadie hubiera hecho eso de mojarse la camiseta…, —y puso su cara sobre mi pecho para sentir el fresco de la humedad.
    
    — ¿Te sientes bien? —le pregunté.
    
    — Sí, me siento bien —respondió.
    
    — Pero estás preocupada por algo —le dije.
    
    — Sí, pero no sé si decirte, me temo que podría hacerte daño…
    
    — Dime lo que te parezca, eres mi amiga…
    
    — ¿Amas a Abel?
    
    Me quedé un poco petrificado y me subió el rubor a la cara. La miré y le dije:
    
    — La verdad, Feli, lo amo desde el primer día que fuimos a la Iglesia de san Lorenzo…
    
    — Es lo que me imaginaba —dijo en voz muy baja.
    
    — ¿Tienes algo con él? —insistió.
    
    — He prometido a Abel no decir nada a nadie, pero le quiero, lo amo con todo mi corazón, esto incluye que no quiero que deje de ser lo que es, no quiero que deje de hacer el bien que hace y no lo sacaré de la vida que tiene…
    
    — Lo que me dices es un alivio, pero ¿él siente lo mismo?
    
    — Feli, sé que Abel me ama, pero tampoco quiere cambiar nada, al contrario, creo que nos ayudamos más, si Abel dejara de ser lo que es…
    
    — Sacerdote…, aclaró Feli.
    
    —… pues no sé si yo seguiría con él, porque me apasiona esa aura que hay en su entorno de hacer el bien a todos.
    
    — Puedes estar seguro que yo no diré ...
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