1. Mi amiga Feli me llevó hasta él (2): En las fiestas con Abel


    Fecha: 18/08/2021, Categorías: Gays Autor: janpaul, Fuente: CuentoRelatos

    ... nada a nadie, ni se lo mencionaré a Abel, es tan bueno y lo veo tan débil y tan fuerte a la vez que sufro por él…
    
    — ¿Sabes que voy a actuar en la fiesta de los chicos el último día? —le dije para terciar la conversación.
    
    — ¿Cómo?
    
    — Sí, dos actuaciones, tocaré el violín y haré una danza.
    
    — Yo quiero ir a verte…
    
    — Tú vas a ser la invitada especial de Abel.
    
    Devolví a Feli al convento y me fui a buscar a Abel por la iglesia para ayudarle. Se me abalanzaron un grupo de los muchachos del día anterior y me saludaban. Les pregunté por don Abel y me dijeron que se estaba preparando para la misa, que me fuera con ellos que iban a ir a la iglesia con la música. Lo hice y después del pasacalle y la misa me llevaron con ellos a comer a un restaurante muy popular con mesas bajo un techo de lona. Hacía calor, mucha calor. Comí poco como es mi costumbre y luego me llevaron a ver una corrida de toros burlesca, era muy cómica. Sufrí por si en algún momento se maltrataba o mataba a algún animal y, aunque me decían que no, yo estaba con los huevos en la garganta. Suerte que todo acabó bien y me retiré a casa.
    
    No tenía llaves para entrar y me iba a ir al convento, pero vi que Abel venía calle abajo y le esperé. Me dio una llave y un paquete.
    
    — Mira si esto te va; ya nos vemos a la noche.
    
    Se notaba que tenía prisa. Entré en casa y abrí el paquete. Eran unas mallas de ballet, un par de slips y un tul estrecho rojo. Esto último no lo entendí y esperé que me lo explicara ...
    ... en la noche. Mientras me di un baño en la tina para relajarme por todo lo que se me venía encima en un par de días, aproveché para depilarme el cuerpo pasando la cuchilla por todas partes. Una vez realizada la limpieza corporal, secarme me extendí un poco de talco por el cuerpo, me probé las mallas y me miré al espejo.
    
    El resultado era sorprendente. El slip tan pequeño solo se notaba porque acrecentaba el blanco y lo hacía más tupido, las mallas no eran tupidas, pero tan finas que parecía una segunda piel. Lo que más me sorprendió es lo que Abel sabía de mi cuerpo, las medidas eran exactas, ajustaba el pie, nada sobraba, ajustaba la cintura, ni excesivamente alta ni baja, en el lugar adecuado para realizar los pertinentes ejercicios. Ante el espejo hice algún ejercicio de movimiento y comenzó a sonar la música en mi cerebro. Me despojé de las mallas para no sudarlas, lo guardé todo y comencé a vestirme para salir a la calle mientras la música bullía en mi cabeza.
    
    Salí de casa con el violín en la mano. Me fui a la iglesia. Encontré allí a Feli con unas religiosas. Todo el mundo estaba preparándose para la procesión. No acertaba a hablar con Feli porque la música estiraba en mi cerebro. Me puse delante, no sabía como decirle que necesitaba hablar con Abel. Ella pareció entenderme al ver los movimientos de mi cuerpo y dijo a una de las religiosas que buscara al Padre Abel. Se presentó, me tomó del brazo y me llevó a un despacho pequeño. Rodó la llave por dentro, se me puso ...
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