1. El clan del placer cap 4


    Fecha: 26/08/2021, Categorías: Incesto Autor: Crystal69, Fuente: SexoSinTabues

    ... falsas. —Elige una. Te lo compro —le dije a mi hermana, y ella se apresuró a escoger uno que se asemejaba a la cola de un conejo—. ¿Te ayudo a ponerlo? —Yo lo haré —Reynard apareció de repente, desnudo por completo y bebiendo un poco de kal. Hice una reverencia con la cabeza para mostrar mi respeto. No era mi papá, pero a la vez sí lo era. —¡Papi! —exclamó feliz Jeneh, dándole un abrazo. Reynard aprovechó para sostenerla un momento, y le desprendió el sujetador de un solo movimiento—. Jeneh, hija ¿qué habíamos dicho sobre tus senos? —Pero es que no son grandes —se lamentó la chica. —Eso no importa —la tomó de los hombros y le habló con ternura paternal—. Mi amor, eres bellísima. La chica más hermosa que he visto en mi vida. Las mejillas de mi hermanita se ruborizaron. —¿De verdad? —¡Claro que sí! No tengas miedo de mostrar tus pechos. Eres delgada, bajita, pero fuerte y muy lista. Además, eres la mejor arquera del clan. Me siento orgulloso de ti. —Ah… gracias. —Ahora date la vuelta y deja que te ponga esto. Lo hizo, apoyándose en una barra. Levantó el culo, y con cuidado, Reynard escupió en el rosado anito de su hija. Lo delineó con el dedo, probando meter el menique. Jeneh movió el músculo para que se contrajera y dilatara. Una vez estuvo lista, con extremo cuidado, su papá le clavó la cola en… la cola. Jeneh dio un gritito. Desde siempre había usado esas colitas, pero cada año aumentaba el tamaño del plug. —¡Listo! —Reynard sonrió al asegurarlo con una cinta para que no ...
    ... se saliera—. Qué linda conejita. —¿Vienes a pasear con nosotras? —le pregunté. —Claro. Vamos a ver qué hay de interesante —caminó entre nosotras, con sus manos en nuestras espalda. Noté que a Jeneh le acariciaba sin reservas. Era su hija, después de todo. Erina decía que un padre siempre poseería el cuerpo de su cría, así que él tenía permitido disfrutar de la carne que había ayudado a procrear. Todas las del clan lo sabíamos. Adorábamos a nuestros padres tanto como los hijos adoraban a sus madres. Fundirnos con ellos y beber de sus fluidos reproductivos era una bendición. Contadas ocasiones, el incesto tan natural se convertía en delito, y entonces era castigado con la decapitación. Los talleres sobre felación estaban a la orden del día. Alguna fémina máster, de más de cuarenta años de edad, mostraban la técnica de la garganta profunda a las más jóvenes. Un grupo nutrido de unas cincuenta chicas, desnudas y no, miraban asombradas a las dos maduras comer miembros grandes de hombres que estaban paradas frente a ellas. Los penes medían algo cercano a los veinte centímetros, con gruesas venas recorriéndolos. —¿Quién quiere venir? —preguntó una de ellas, y dos chicas rápidamente se apresuraron a acercarse. Inexpertas, la madura les ofreció las pollas que había estado chupando. —No se apuren —les aconsejó—. Es despacio. Concéntrense. Una de ellas tuvo arcadas. Otra rió y las demás aplaudieron cuando logró meterse unos diez centímetros a la garganta. La que casi vomitó, regresó ...
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