1. Mi prima se viste de novia (Capítulo 1)


    Fecha: 24/09/2021, Categorías: Incesto Autor: Usuario PsyExA, Fuente: CuentoRelatos

    ... me parecía bella, ni nada por el estilo. Todo lo contrario, su atractivo físico nadie podía negarlo. ¡Si lo habré sufrido cuando mis amigos la conocieron! ¡Lo que habrán sufrido ellos, cuando intentaban chamullársela con frases como “esa colita me entra en una mano” o “si me prendo a esos chopes no me sacas más”! Nunca les dio ni la hora.
    
    La verdad es que su figura era perfecta. No de esas bombas sexuales que aparecen en la televisión o las revistas. Para nada. Ella era una morocha de ojos claros, flaquita, de piernas largas que invitaban a mirarle las curvas de la cola casi inevitablemente y unas tetas normales pero que, según la ropa que usaba, solían parecer más o menos grandes; la piel blanca todo el año, no importaba si era verano o invierno. Todo esto sumado a un rostro de gesto inocente y angelical, era lo que se estaba llevando el pelotudo que no me invitó a su fiesta.
    
    -¡Claro que vine, tonta! –Dije levantándola levemente de la cintura cuando puso sus brazos sobre mi cuello -¡Veo que ya arrancaste la fiesta! –Eran a penas las 8 de la noche.
    
    Ella sonrió y de la mano me llevó hacia adentro, tambaleándose un poco. Por suerte vivía en planta baja. Yo le regalé una sonrisa casi de lastima a la pibita que había quedado pagando en la puerta.
    
    Luego de saludar a las amigas, me sentí más a gusto. Me tomé un par de cervezas y aprovechando que Julia estaba en la suya, me aislé un poco de las minas. El departamento tenía una cocina pequeña y dos ambientes más: la ...
    ... habitación al fondo y el comedor donde todo se desarrollaba. La cocina era un ir y venir constante de pibas buscando bebidas. Pensé en irme a la pieza, pero me pareció exagerado. Opté por quedarme en una punta del comedor, cerca de la ventana que da a la calle, con el cenicero, mis puchos, una birra, el celular y listo. No era tan grave. Habían puesto buena música, mi prima estaba contenta y ahí en el rincón casi ni notaban mi presencia. No me podía quejar. Lo que me había imaginado que sería de esa fiesta era mucho peor a lo que en realidad estaba ocurriendo.
    
    Uno tiene la idea que las despedidas de soltera de las minas son un descontrol, con tipos musculosos en pelotas refregándole la verga en la cara de la futura novia o alguna amiga chupándosela en el centro de una ronda mientras las demás excitadas la alientan a tragarla más profundo, pero nada que ver. Al menos la de Julia era música y alcohol, risas entre ellas, algún que otro regalo zarpado, pero nada más. El único hombre era yo y parecía casi invisible.
    
    Fue así hasta la medianoche, cuando arrancaron a hacer juegos. Una rubia me vino a buscar para que me acerque a jugar, pero le dije sonriendo que no, que así estaba bien, que jueguen ellas, y sin insistir me dejó tranquilo. Me quedé mirándola dos segundos cuando se iba. “Lindo culo”. Realmente no me podía quejar.
    
    Apagaron las luces y la música, un leve murmullo por el silencio abrupto y en la oscuridad se escucha que alguien grita algo así como: “¡Se nos casa la ...
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