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Virgen a los cincuenta años
Fecha: 02/10/2021, Categorías: Incesto Autor: Kiko, Fuente: CuentoRelatos
Hace muchos años una de las cosas que más me gustaba hacer era desvirgar a las chavalas. Tenía un tacto especial con ellas. Al vivir en una aldea donde todo el mundo se conocía la voz se corría y gracias a eso desvirgué a unas cuantas. Lo que jamás pensé fue que iba a tener la oportunidad de desvirgar a mi tía Ramona que tenía cincuenta años y que muchos años atrás se casara por poderes con un gallego afincado en Venezuela. Su marido muriera antes de que ella fuera para ese país. A ver, eso ahora suena a Ciencia Ficción, pero en el tiempo que os hablo, las mujeres le daban una importancia capital a lo de ser honradas, a lo de serlo y a lo de parecerlo. Os voy a situar. Diciembre del año 1972. Una aldea de gallega de poco más de cien habitantes donde las mujeres trabajaban en casa y en las huertas y los hombres en la ciudad, salvo unas pocas excepciones de mujeres que iban a trabajar a fábricas, o de hombres que también trabajaban en el campo. Mi tía Ramona era otra excepción, ya que trabajaba media aldea para ella. Ramona no era alta ni baja, ni gorda ni flaca, ni fea ni guapa... Era una mujer del montón y honrada a carta cabal. Mi tía Ramona tenía muchas huertas y muchos pinares que comprara con parte de lo que heredara de su marido. Hacía poco que adquiriera una motosierra para cortar pinos secos de sus pinares, ¿y a quién llamó para que se los cortase e hiciese leña con ellos? Pues a mí, a su sobrino favorito. La verdad es que comenzó a llamarme para trabajar a ...
... los once años, me llamaba cuando daba vacaciones en el instituto, cuando daba vacaciones y algún que otro sábado, pues sabía que me hacía falta el dinero para mis vicios. Uno de los días fui a cortar pinos secos. Mi tía Ramona manejando un tractor y yo sentado a su lado llegamos a uno de sus montes. Nada más llegar comenzó a llover. Corté los pinos lloviendo mientras ella se resguardaba de la lluvia bajo un paraguas. Mi tía Ramona me decía que esperase a que escampase, pero yo quería acabar y los corté bajo la lluvia, cubierto por un pequeño chubasquero que más que protegerme de la lluvia ayudaba a que me empapase de cintura para abajo. Los corté por el pie, les corté las ramas y después los corté en trozos, los cargué en el tractor y volvimos a casa. Después de descargar los pinos en un cobertizo fui a comer a su casa, pues la comida entraba en lo acordado. Llamé a la puerta y me dijo: -Pasa y cierra la puerta para que no se vaya el calor. La cocina de hierro estaba encendida y allí había un calor que se agradecía. Yo estaba calado hasta los huevos, pero dejé de sentir la humedad en mi cuerpo al llegarme el olor a callos. Le dije: -Huele que alimenta. Ramona miró para mí y me dijo: -¿Por qué no quitas esa ropa y la pones a secar en una silla? Pensé que mi tía Ramona quería guerra, si no fuera así no me mandaría desnudar, y cómo yo le tenía ganas, le dije: -No es mala idea. Me quité el pequeño impermeable, las botas de goma, el jersey, la camisa y el ...