1. Virgen a los cincuenta años


    Fecha: 02/10/2021, Categorías: Incesto Autor: Kiko, Fuente: CuentoRelatos

    ... llamar más, pero un día antes de Noche Buena le dijo a mi madre que quería hablar conmigo. Fui a su casa. Cuando me abrió la puerta me pareció más alta, y lo era, pues llevaba puestos unos zapatos negros con tacón de aguja, me dijo:
    
    -Pasa.
    
    Entré en la casa. Cómo siempre estaba calentita. Fue directa a la cocina. Yo fui detrás de ella mirándole para el culo, un culo gordo que se marcaba en su vestido largo de color gris. Sobre la mesa había una botella de aguardiente de hierbas, dos copas y en el respaldo de una silla dos pañoletas de color rojo. Se sentó a la mesa y me dijo:
    
    -Siéntate que te quiero proponer algo.
    
    Me senté a la mesa. Echó dos copas de aguardiente, se mandó la suya de un trago y fue al grano.
    
    -Te doy mil pesetas si dejas que sienta tu calor corporal.
    
    Me tiré en plancha.
    
    -No tienes que darme nada. Pagaría por follarte. Debes tener el coño cerradito.
    
    -No me has entendido. Quiero sentir el calor de un hombre desnudo en mi cuerpo desnudo, solo eso. Te pago para que no me folles después.
    
    Ahora el que se mandó la copa de aguardiente de un trago fui yo.
    
    -Si eso es lo que quieres... Aunque va a ser difícil aguantar la tentación de comerte viva.
    
    -No estoy cómo para comerme.
    
    -Estás, estás.
    
    -No, estuve, pero ya no lo estoy. Soy virgen, pero...
    
    No la dejé acabar de hablar.
    
    -¡No jodas! ¿Eres virgen a los 50 años?
    
    -Sí, lo soy, y quiero seguir siéndolo después de saber cómo es el calor corporal que da un hombre, por eso te pago ...
    ... las mil pesetas.
    
    La advertí.
    
    -Yo si fuera tú no jugaba con fuego.
    
    Mi tía ya tenía sus planes hechos.
    
    -Me voy a asegurar de que no me puedas hacer nada.
    
    -Va a ser interesante saber como...
    
    Ahora la que no me dejó acabar de habar fue ella. Mi tía se debía de morir de ganas por sentir mi calor corporal, ya que me dijo:
    
    -Desnúdate.
    
    Me desnudé. Mi tía Ramona cogió una pañoleta y me ató las manos a la espalda, después cogió la otra y me vendó los ojos. Al ratito sentí como sus tetas se apretaban a mi pecho y cómo sus brazos rodeaban mi cuello. Sentí ese calor corporal que ella quería sentir. Mi polla se levantó y se metió entre sus piernas. Deseaba besarla, pero tenía su cabeza apoyada en mi cuello y no podía hacerlo. Comencé a mover el culo hacia delante y hacia atrás. Mi polla se mojaba al deslizarse entre sus labios vaginales. Al levantar la cabeza de mis hombros busqué sus labios, mi tía Ramona dejó que los encontrara y la besé con lengua. Ramona ya empezó a echase al monte:
    
    -Me estás poniendo muy cachonda.
    
    Me agaché y busqué su teta derecha con mi boca. La encontré esponjosa, lamí su pezón y después le mamé la teta. De esa teta pasé a la otra.
    
    -Para ya, hombre, para ya que me está poniendo el coño cómo un charco.
    
    Sabía que no quería que parase, si quisiera que parase se separaría de mí y no me diría cómo tenía el coño. Con mis manos hice que se diera la vuelta y mi lengua se perdió entre la raja de su culo. Le lamí el ojete. Me dijo:
    
    -Me ...
«1234...»