1. Virgen a los cincuenta años


    Fecha: 02/10/2021, Categorías: Incesto Autor: Kiko, Fuente: CuentoRelatos

    ... estás haciendo sentir cómo una puta.
    
    Sus palabras me animaron aún más. Le dije:
    
    -Separa las nalgas con las manos.
    
    Ramona ya se había echado al monte. Separó las nalgas y echó el culo hacia atrás. Mi lengua lamió su ojete y entró y salió de él. Mi tía ya gemía y sus gemidos hacían que mi polla latiese.
    
    -Date la vuelta.
    
    -No debía decirlo, pero así me gusta mucho. ¿Por qué no sigues?
    
    -Por qué más te va a gustar cuando te coma el coño.
    
    Se dio la vuelta. Le pasé la lengua por el coño. Estaba empapado. A la cuarta lamida me dijo:
    
    -¡Ay que me muero de gusto, Quique!
    
    Solo me dio tiempo a lamérselo dos veces más, ya que mi tía comenzó a mear por mí. No me aparté. Me meó en la cara y por todo el cuerpo. Al acabar de mear me levanté y volví a buscar su boca, esta vez fue ella la que vino a mí, metió su lengua en mi boca, chupó mi lengua y después me lamió toda la cara, todo el cuello, todo el pecho... Lamió mi polla y mis cojones, después se levantó me volvió a besar con lengua, y luego me dijo:
    
    -Has hecho de mí una puta, pero al fin sé lo que es correrse.
    
    Sin querer me acababa de decir que nunca se había masturbado.
    
    -No te corriste, tía Ramona, te measte. Correrse es otra cosa.
    
    Le costaba creer que no se había corrido.
    
    -¿¡De verdad que lo que sentí no es correrse!?
    
    -No, no lo es. ¿Quieres saber lo que es correrse?
    
    -Claro que quiero.
    
    -Desátame las manos.
    
    -Te las desato, pero no quites la venda.
    
    Me desató las manos, me puse en ...
    ... cuclillas y le dije:
    
    -Date la vuelta.
    
    Se dio la vuelta, le abrí las cachas con las dos manos y le volví a comer el culo bien comido, lamiendo todo, lamí las nalgas, lamí el ojete... Luego me puse en pie, le froté la polla en el ojete y le metí y saqué puntita de la polla mientras le magreaba sus esponjosas tetas. Gemía una cosa mala, por eso no traté de meterle el glande entero, preferí ir a por el coño. Al darse de nuevo la vuelta, ya lo tenía más que jugoso. Mi lengua se deslizó sobre él, le metí el dedo medio de la mano derecha dentro del coño, dedo que entró apretado, le acaricié el ojete con la yema de un dedo de la otra. Lamí su clítoris, y cuando mi dedo comenzaba a entrar en su ojete, me dijo:
    
    -¡Me va a dar algo!
    
    Lo que iba era a correrse. Le cogí el culo. Saqué la lengua y le dije:
    
    -Frota tu coño contra mi lengua.
    
    Estaba tan caliente que no duró ni un minuto frotándolo. Se corrió estremeciéndose, gimiendo y soltando jugos pastosos que fueron pringando mi lengua.
    
    Al acabar de estremecerse y de gemir, me dijo:
    
    -¡Fue maravilloso!
    
    A mí ya me tardaba meter.
    
    -¿Follamos ahora, tía?
    
    La sentí caminar y luego sentí como echaba un trago de aguardiente. Después oí cómo me preguntaba:
    
    -¿Me voy a correr otra vez si follamos?
    
    -Te correrás varias veces.
    
    -Entonces sí, follamos, pero no te quites la venda.
    
    Ramona no quería que la viese desnuda. Se debía sentir acomplejada y eso no lo podía permitir. Creía, y creo, que toda mujer es hermosa ...
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