1. Los preliminares de un polvo inolvidable


    Fecha: 07/10/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos

    ... naturaleza. Sabes, en el avión me funcionó.
    
    -No quiero saber que te funcionó.
    
    -Me funcionó lo del Chanel. Me follé a una azafata en el lavabo. ¡Cómo estaba la chavala!
    
    -Te dije que no lo quería saber.
    
    Sebastián, de repente, le cambió de tema.
    
    -¿Y en que trabajas, Isabel? -le miró para los labios- Si no es mucho preguntar.
    
    -Es mucho preguntar.
    
    -Yo soy cámara de televisión -le miró para las tetas- y estoy de vacaciones.
    
    -Se nota, se nota que eres cámara.
    
    -¿En qué se nota?
    
    -¿En que eres muy observador?
    
    Aquella puya no hizo que se callara. No se fuera para otro asiento y eso le dio alas.
    
    -Y muy curioso. ¿Llevas muchos años casada?
    
    -¡Y a ti qué le importa!
    
    -Lo decía porque yo llevo muchos. Y después de los dos primeros años...
    
    -¿Qué?
    
    -Que se empieza uno a cansar y al ver a otras mujeres se pone tierno.
    
    Lo miró con cara de pocos amigos, y le dijo:
    
    -¡Qué cabrón!
    
    -¿Es que tú no tienes fantasías con otros hombres?
    
    Isabel parecía ofendida.
    
    -¡¿Fantasías yo?!
    
    -Sí, cómo que te encuentras con un extraño en algún sitio y acabas haciendo el amor con él, por ejemplo.
    
    Isabel sacó de nuevo su genio.
    
    -¡¿Pero qué clase de mujer te piensas que soy para tener esta clase de conversación conmigo?!
    
    -Una mujer que me gusta.
    
    -¡Enfermo! Soy una mujer casada y fiel a mi marido. ¿Te pensaste que me podías comprar con un perfume?
    
    -No creo que una mujer cómo tú se vendiera por mil botes de perfume.
    
    -Crees bien no me ...
    ... vendería por mil botes de perfume ni por nada. Una mujer debe ser honrada, y si es casada, más.
    
    -Lo de estar casada y ser honrada es muy subjetivo, y nada tiene que ver con que despiertes pasiones.
    
    No sé qué tiene el halago que a todos nos gusta. El tono de voz de Isabel se hizo amable.
    
    -¿Despertar pasiones yo? No digas tonterías.
    
    -¿Acaso no notas cómo te miran los hombres?
    
    Le sonrió por primera vez, y respondió:
    
    -Bueno, a veces sí.
    
    -¿No intercambiaste miradas con otro hombre estando en un bar con tus amigas, o estado sola, o incluso estando con tu marido?
    
    Giró la cabeza hacia el otro lado del pasillo del autobús donde se sentaba una joven de unos veinte años, con una larga melena rubia, de ojos color avellana... Era muy guapa y parecía estar pendiente de lo que se decían.
    
    -No voy responder a esa pregunta.
    
    La respuesta era que sí. Sebastián ya fue a saco.
    
    -¿Te tocaste pensando en alguno de esos hombres?
    
    Se cabreó bien cabreada.
    
    -¡Hasta aquí hemos llegado! O te callas o me cambio de asiento.
    
    -Habías dicho que querías hablar. No dirás que no tengo temas de conversación.
    
    -No, pero hablas de cosas que no debías hablar y mientes.
    
    -¿En qué crees que te he mentido?
    
    -A ver, si le distes el Chanel a la azafata. ¿Cómo es qué aún lo tienes? Eh, eh.
    
    -Por que compré otro en el aeropuerto.
    
    Sacó el Chanel de la bolsa de mano y se lo dejó sobre el regazo.
    
    -Por las molestias causadas.
    
    Isabel lo miró con extrañeza.
    
    -¿Y no quieres nada ...
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