1. Café con leche de polla


    Fecha: 11/10/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    Doña Patro sentía como su negocio iba como nunca, desde que contrato a Eufemio Toribio, un cateto aldeano sin muchos modales, pero campechano y alegre. La cafetería funcionaba como un tiro y doña Patro solo recibía halagos de sus clientes.
    
    Escondido en el almacén el tipo se masturbaba y recogía sus abundantes chorros de semen en un bote, luego lo mantenía fresco en una nevera, para posteriormente extraer pequeñas dosis ayudado de una jeringuilla, y así administrárselo a todas sus clientas sin que se dieran cuenta en el café.
    
    -¡Rico! ¡Rico! ¡¡ Ñam Ñam!! Les decía a las clientas con las que más confianza tenia, mamas treintonas que se reunían tras dejar a los niños en el cole para desayunar todas juntas mientras chismorreaban y reían por tonterías.
    
    Ellas contestaban muy picaronas y con doble intención a veces hasta subiditas de tono:
    
    -¡Danos unas porras Toribio que los churros se nos quedan cortos! Y risotadas a lágrima viva
    
    Eufemio desde su puesto de mando, en la barra, se quedaba embobado cuando veía como las más hermosas y deseadas mamas del pueblo se tragaban su leche relamiéndose mientras se metían las porras y los churros en la boca.
    
    Esto le provocaba tremenda calentura que debía aliviar con urgencia en el wáter de la cafetería, pero siempre con su bote de recogida, para que el ciclo de la vida continuase. Te pongo mi leche, te la tragas, me excito contemplando como la degustas y vuelvo a producir más para que todos sigamos disfrutando.
    
    Un autentico ...
    ... guarro nauseabundo, de mandíbula prominente, brabucón y engreído, pero apocado cuando se le plantaba cara.
    
    Tal era la fama del buen gusto de los cafés con leche que se servían en Casa Patro, que incluso venían de otros pueblos a degustarlos. Decía la gente, que tenía un amargor especial que le hacía diferente a todos.
    
    Doña Patro era viuda desde ya hace incontables años, y aunque la edad ya se le echaba encima, era voluptuosa, a su manera elegante y siempre con su punto sexi, con esos clásicos trajes chaqueta, una talla menos y muy escotados, que parecía que le iban a reventar o estallar las botonaduras en cualquier momento.
    
    Patro era desconfiada. La experiencia de la vida la había ido haciendo mella y se había vuelto huraña, malpensada y en ocasiones se mostraba algo perversa, especialmente cuando se sentía engañada o traicionada por alguien de su entorno.
    
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    Una mañana apareció Doña Patro en la cocina de forma inesperada. Parecía que lo hubiese intuido. Entro sigilosa, y al fondo, vio como Eufemio, de espaldas a ella y sin percatarse de su presencia, clavaba una jeringa en un tetrabrik de leche. La Patro, al verlo, se le echo encima y le imploro gritando – ¡Que hace cretino! Tan sigiloso… no me estará robando? Verdad?
    
    Eufemio se dio la vuelta sobrecogido por el susto, e intento ocultar la jeringuilla en la palma de la mano, sujeta disimuladamente con un dedo. Pero la Patro con cara de perro loco ...
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