-
Otra madura de mi vida
Fecha: 12/10/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Luky79, Fuente: CuentoRelatos
Este relato que voy a escribir es para que mi madura y caliente Marimar lo lea, pues me ha pedido ella expresamente que lo publique. Siempre he contado relatos de maduras conocidas y este por supuesto también lo es. Entre mis deseadas mujeres maduras conocidas siempre he tenido presente a Marimar, una mujer que conocí en mi juventud en uno de mis trabajos. Yo trabajaba en un almacén y ella era la mujer que se encargaba de la limpieza de la casa de nuestros jefes. La planta baja era almacén y las dos superiores era donde ellos vivían por lo que Marimar como buena compañera entraba por el almacén para saludarme y hablar un rato conmigo. Yo siempre hacía por estar allí a las 10 de la mañana, a su hora de entrar a trabajar porque me ponía muy cachondo y no lo podía disimular. Ella como buena mujer lo notaba y me seguía el rollo. Mi timidez no me dejaba lanzarme por miedo al rechazo y la posterior vergüenza que tendría que pasar. Fui notando que ella empezaba a venir más arreglada, incluso empezó a venir muy sexy y se cambiaba arriba la ropa. Pasó de venir en chándal y con una camiseta de propaganda, a venir en mini falda con blusas escotadas o vestiditos y maquillada. Eso para mí no pasó desapercibido y pensé que ese cambio era por mis continuas miradas de veinteañero salido. Al cabo de poco tiempo la confianza dio paso a saludos más cariñosos con besos por lo que yo seguí mi acercamiento arrimándome cada vez más y ella, todo hay que decirlo, no oponía ninguna ...
... resistencia. Marimar es alta, rubia y delgada, sin grandes curvas pero muy guapa y muy sexy, además su forma de ser tan lanzada la hacía más apetecible si cabe. Ella que a sus 47 años estaba divorciada de un hombre que la había hecho sufrir mucho y con dos hijas ya mayores, una un año mayor que yo y otra con un año menos que yo. Ahora vivía con un hombre de casi 70 años pero con mucho dinero. Ella trabajaba por amor propio digamos, porque no le hacía falta. Nuestras conversaciones fueron subiendo de tono y mis manos al saludarla ya se posaban en su culete y lo sobaban mientras ella aceptaba gustosa el magreo y los cumplidos pero no pasábamos de ahí. Los dos lo deseábamos pero yo no iba a dar ese paso de momento. Un día me pidió que subiera con ella a ayudarla a mover un armario, subí encantado de hacerle el favor. Al llegar arriba me dijo que se iba a cambiar de ropa a la habitación de los invitados que tenía allí su ropa de trabajo. La habitación estaba a la izquierda del sofá donde me senté y ella entró quitándose la ropa que llevaba y se giró para ver si la estaba mirando, cosa que era indudable, mis ojos la devoraban y mi mano ya estaba para cuando se giró acariciando la polla por encima del pantalón. Ella sonrió como una zorra cachonda y se metió en la habitación dejando la puerta a medio cerrar. Me acerqué sin ningún disimulo y me apoyé en el marco de la puerta para verla desnudarse mientras mi mano izquierda pajeaba mi durísima polla. Me estaba haciendo un ...