1. La historia de Ángel, solo era un muchacho (54/59)


    Fecha: 15/10/2021, Categorías: Gays Autor: Albany, Fuente: CuentoRelatos

    ... habían terminado.
    
    Me acompañó a la habitación, como antes hacía con su señor, me abrió la cama y pregunto si necesitaba algo más antes de retirarse.
    
    A la mañana siguiente me levanté tarde y sin prepararme marché hasta la cocina para desayunar y ver si estaba Ana María.
    
    Dulce me recibió dando saltos de alegría y lo cogí en mis brazos acariciando su cabeza. Empezó a emitir sonidos como sollozos mientras me lamía la cara.
    
    -Para, párate, quieto precioso. -entre risas le di un beso en su hociquito y él seguía queriendo lamer mi cara.
    
    -¿Te sientes solo pequeño? No te preocupes ahora estoy yo para atenderte y darte caricias. -me había arrodillado en el suelo para dejarle y seguir jugando cuando la pequeña Alicia apareció en la puerta.
    
    -Vaya, que le has puesto contento Ángel. -me levanté aunque Dulce quería seguir jugando e intentaba trepar por mi pierna desnuda rozándose contra ella.
    
    -¡Holla Alicia! Igual ya es hora para desayunar? -y la miré con cara de lástima.
    
    -Calla tonto, siéntate que ahora tienes tu desayuno. -se iba a alejar cuando mi voz la contuvo.
    
    -¿No está Ana María…, bueno tendré que decir “la señora” a partir de ahora? -la niña entendió mi sorna y soltó una carcajada.
    
    -Cuando llegó anoche, después de que marcharas, se metió en su habitación y aún no le hemos visto, dice Carmen que tiene una enorme jaqueca y que no se levantará.
    
    Desayuné mi caliente cola-cao, mi tostada con mermelada de naranja ácida y el gran vaso de zumo, mientras ...
    ... escuchaba a Alicia informándome de algunos detalles de la casa por los días que había estado ausente, hasta que Berta la reclamó para que hiciera sus deberes.
    
    Estuve cuatro días sin ver a Ana María, continuaba sin dejarse ver y el único contacto que teníamos con ella era a través de Carmen que nos informaba y que no había mayor problema, que su señora a veces era así.
    
    Pensé en la posibilidad de visitarla en sus aposentos privados, pero al final pensé que si ella no me llamaba era porque no me necesitaba.
    
    Aparte de tomar el sol en la piscina, y bañarme en sus cálidas y azules aguas, nunca tan solitarias como en esos momentos, me dedicaba a leer, y a las tardes, porque Alberto seguía sin responder a mis llamadas, llamará donde le llamara.
    
    Tenía que contactar con Ian como si solamente él existiera, para que me sacara y no terminara de volverme loco.
    
    Pensé en llegarme hasta su trabajo para que habláramos, y al menos saber que se encontraba bien. Sentía enormes reparaos de encontrarme allí con su jefe el notario en su presencia y que solo sirviera para que volviera a sentirse celoso y eso hacía que desistiera. También visitarle en su casa, en este caso me asustaba volver a dejarme convencer por su desbordante amor y que no pudiera pensar con propiedad. Total que no podía aclararme con su situación emocional.
    
    Solamente Ian parecía estar pendiente de atenderme cuando solicitaba sus servicios o atenciones para que me llevara de un lugar a otro. Apreciaba en lo que valía ...
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