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Historias de hotel: Perdón hermana, me follé a tu hijo
Fecha: 17/10/2021, Categorías: Incesto Autor: Erothic, Fuente: CuentoRelatos
Manejaba en mi camioneta por la carretera rumbo al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, pisaba fuerte el acelerador con mis tacones altos de color rojo cereza, sin medias. Un poco más arriba, una falda corta negra, seguida de una blusa beige y una coqueta chaqueta de piel del mismo tono rojo. En fin, el clásico conjunto de oficina, pues hacía poco que salía del trabajo. No había tiempo de más, mi hermana se casaba ese mismo fin de semana en España. En el asiento del copiloto me acompañaba mi sobrino, quien no había podido irse con su madre por motivos de su escuela y trabajo. Un chico muy lindo de 21 años y 1,80 m con una buena estructura muscular, sin llegar a lo exagerado, piel morena, cabello corto negro, y una elegante barba de candado que siempre engalana su linda sonrisa juvenil. –No te preocupes querida, yo te lo llevo el viernes saliendo del trabajo. Paso por él y salimos volando. –Recuerdo que le dije a mi hermana, ingenua yo, como si no conociese que siempre me agarran las prisas. Y para colmo no había comprado los boletos. Y heme ahí, estaba con el tiempo encima, conduciendo un poco agresiva tengo que reconocerlo. Las maletas previamente empacadas la noche anterior rebotaban unas contra las otras en la parte trasera. Un tanto gracioso, mi sobrino miraba con temor, en parte preocupado por el equipaje, pero principalmente por la integridad de nuestra propia salud, pendiente de algún percance automovilístico. Pero nada, afortunadamente ...
... llegamos a la terminal aérea tal y como salimos de casa. Corrimos arrastrando las maletas a comprar los boletos. Sin suerte. Los únicos disponibles eran para las primeras horas del siguiente día. No me enfadé mucho, gran parte de mí sabía que algo así sucedería. Llamé a mi hermana para disculparme porque su hijo y yo demoraríamos un poco más. Apaciguado el ajetreo del momento salimos del puerto, ahora sí, con los boletos en mano. Sería estúpido regresar a casa, casi cuatro horas de ida y otras más de vuelta, gastos de gasolina y tiempo añadidos. Por ello decidimos quedarnos en un hotel cerca de la terminal. No le presté mucha importancia; en el vértice del edificio se anunciaba con un letrero grande la palabra “Hotel” y la fachada daba muy buena pinta. Con tantas cosas en la mente, tan solo clavé la camioneta en la rampa de entrada al estacionamiento y me encaminé al check in. Solo hasta ese momento caí en mi error, al darme cuenta que el condenado lugar tenía “Villas”. Me llevé las manos a la cabeza, de paso peinándome un poco para cubrirme el rostro con mi rubia cabellera larga y un poco risada, por la terrible vergüenza. Ahí el primer dilema moral. Salir y buscar otro hotel toda la noche o entrar a uno de paso con mi sobrino adolecente. Con la respuesta en mente, me acerqué a la ventanilla, y con la cabeza baja me aventuré a pedir una habitación doble, rezando porque la suerte me sonriera aunque fuese un poquito. -¿Una noche? –Me respondía la señorita naturalmente ...