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Quiero sentir cómo te corres en mi polla, madre
Fecha: 22/10/2021, Categorías: Incesto Autor: Kiko, Fuente: CuentoRelatos
... mí? -Veo a una mujer con un polvo brutal. Esperando que le diera cera, le dijo: -¿Qué te gusta de mí? Soy una mujer normalita. Cera quería y cera le dio. -Todo, de ti me gusta todo, hasta tus andares me gustan. -Hablas cómo si estuvieras hablando de una cerda. -¡Más quisiera yo que lo fueras! -Con tu padre lo era... ¡Te pareces tanto a él! -Anímate, sería cómo si follaras con mi padre otra vez. -Tientas cómo un diablo. Vieron pasar de nuevo el helicóptero de la guardia civil. Atilano mirando para arriba, le dijo a su madrastra: -Ya andan ahí otra vez los cabrones. -Esos hijos de puta no descansan. Al rato llegó una patrullera y les hicieron un registro. Es obvio que no encontraron nada. Rogelia no era tan tonta ni cómo para tener una cajetilla de tabaco rubio de contrabando para fumar. Horas después llegaron en el Ferrari de Atilano al pazo donde vivían. Una sirvienta salió a recoger los bártulos de la pesca de Rogelia, y con ella delante, Rogelia y Atilano entraron en el pazo al tiempo que otro sirviente llevaba el Ferrari al garaje. Todo estuvo tranquilo mientras el servicio no abandonó la casa, luego en la sala de estar, sentados en dos sofás enfrente uno de la otra Atilano volvió a la carga. -¿Me dejas que te dé un masaje en los pies? -No. -Iría subiendo... -¡Calla de una puñetera vez! Atilano cambió de tema para no cabrear más a su madrastra. -¿Hacemos una raya? -De la raya te estás pasando ...
... tú. Después de mucho camelar a Rogelia se hicieron la raya de coca. Colocados, quiso besarla, pero Rogelia le hizo la cobra y le dijo: -Vete a tomar algo que cuando vuelvas puede que te lleves una sorpresa. Atilano se puso más contento que un cuco en primavera. -¡¿Follaremos, Rogelia?! -Conmigo no vas a follar, pero... Hasta aquí puedo hablar. -Nunca digas de esa leche no voy a beber. -Vete antes de que me arrepienta. Atilano se levantó y se fue a tomar unas copas en el bar de su madrastra, bar que Rogelia no pisaba, pero que servía para blanquear una pequeña parte de su dinero negro. Al volver a casa sintió ruidos en la habitación de Rogelia, fue a mirar y la vio comiendo el coño de una chica de compañía mientras un mulato le taladraba el coño. Era la primera vez que traía a chaperos o a lesbianas al pazo y la vez que los traía lo hacía por partida doble. Entró en la habitación y preguntó: -¿Puedo unirme a la fiesta? Le respondió Rogelia. -Puedes, pero ya sabes que a mí no me puedes tocar. Atilano se desnudó. La chica de compañía, una rubia de pelo cortito, alta, de ojos azules y con un buen cuerpo, se agachó delante de él, le mamó y le chupó la polla y le lamió las pelotas hasta ponerle la polla dura. Rogelia se puso encima del moreno, un tipo cachas y con una buena verga y comenzó a follarlo. Al rato, Atilano se metió en cama. Arrodillado detrás de su madrastra le frotó la polla en el ojete. Rogelia le dijo: -¡No, hijo, no! -Sí, ...