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De esposa perfecta a ser la puta del electricista
Fecha: 30/10/2021, Categorías: Infidelidad Autor: DAMECANDELA, Fuente: CuentoRelatos
... Estaba sentada en la cocina, fantaseando con tener un sexo salvaje, juvenil, que la hiciera sentir deseada y bien puta. Cosas que no sentiría jamás en esa vida de cuento de hadas que llevaba. Sintió de repente un ímpetu por cambiar eso, por tener a alguien que la sacara por un rato de su vida de mujer perfecta, de madre perfecta, de aburrimiento y rutina, y la hiciera sentir lujuriosa como hacía muchos años no se sentía. En el medio de ese hilo de pensamientos, se acordó de Rubén. Rubén era un electricista que venía siempre que había algún problema eléctrico que solucionar en la casa. Era un hombre de unos 35 años, alto y fornido, que siempre coqueteaba con ella. A Maru siempre le había gustado ese coqueteo, quizás porque eran pocos los que coqueteaban con ella en su monótona vida. Ya todos la conocían como la madre de familia que era, y excepto algún que otro desconocido que trataba de seducirla en algún lugar donde asistiera anónimamente, no era algo frecuente. Pero Rubén siempre le hacía comentarios acerca de que la invitaría a cenar si no estuviese casada, o que ojalá hubiera mujeres como ella disponibles. Quizás a él le daba morbo seducir a una mujer casada y no le gustaba ella realmente, quizás simplemente jugaba porque sabía que era imposible. Marianela se vio de repente fantaseando con el electricista, con un sexo violento, agresivo, fuerte, de ese que nunca más tendría con nadie, y menos con Marcos. Estaba harta de limitarse a ser madre y esposa, ...
... necesitaba ser otra cosa. En un impulso, tomó el teléfono celular y le escribió un mensaje. “Buenos días, Rubén. Soy Marianela, de la calle España. Estoy teniendo unos problemas con algunas instalaciones eléctricas y quería saber cuándo estabas disponible para venir a revisarlas”. Dudó antes de enviarlo, esperando a que una oleada de lucidez y madurez la frenaran, pero finalmente apretó ENVIAR. Permaneció en la cocina con la mirada casi fija en el aparato, esperando que sonara con la respuesta del electricista. Unos 15 minutos después, recibió la respuesta. “Hola, Maru. Tanto tiempo! Estoy terminando un trabajo cerca de tu casa. Te sirve que pase en una hora?”. Marianela tembló. Qué estaba haciendo? Qué le diría al tipo cuando llegara y viera que no había nada para arreglar? Releyó el mensaje. Él le decía “Maru” y ya eso la emocionaba. Le respondió: “En una hora me viene perfecto. Te espero”. Fue a su habitación, se dio una ducha, y se vistió linda pero informal, tenía que parecer casual. Se puso una tanga negra de encaje y unos jeans que la favorecían, marcando sus hermosas piernas y su culo firme, que se había mantenido muy bien frente al paso de los años. En la parte superior se puso una remera simple de algodón blanca, pero en un acto de provocación, se la puso sin corpiño. Casi inmediatamente sonó el timbre. Ella dudó que fuera Rubén porque todavía no había pasado una hora. Se calzó rápidamente y fue a mirar por la mirilla de la puerta. Era él. De repente se sintió ...