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Mi prima se viste de novia (Capítulo 20)
Fecha: 05/11/2021, Categorías: Incesto Autor: Usuario PsyExA, Fuente: CuentoRelatos
Había llegado, entonces, el momento de aprender. De todos los posibles pensamientos que podrían estar recorriendo por mi mente en ese instante, el que en verdad se me cruzó, estoy seguro, no lo podría adivinar ni la persona más flashera que pueda estar leyendo esto. Mientras caminábamos de la mano con la rubiecita hacia el cuarto, no podía dejar de pensar en si había tirado los preservativos de la fiesta, o si estarían todavía sobre la cama. Con restos de semen que mi prima no había comido. Con restos de semen del papá de la piba. Me sumaba una cuota de morbo que los vea, pero tampoco quería espantarla al primer paso. Luego pensé seriamente en si los de mantenimiento del barco se escondían todo el día detrás de una columna, espiando cuál criaturas mitológicas, agitando los dedos de sus manos, para no desaprovechar segundo alguno del camarote vacío para meterse y limpiarlo rápidamente. Como si sufrirían una especie de abstinencia a la atención al cliente. Porque, para mi fortuna, al entrar, el cuarto estaba impecable. Todo limpio, ordenado y el aroma a lavanda que ambientaba perfectamente a lo que ocurriría en unos instantes. Julia estaba acostada y cuando me vio entrar con su frutillita, se levantó de prisa y nos fue a saludar. Aunque le había avisado por mensaje lo que había charlado con Lihuén, se había quitado el vestido que tan lindo le quedaba, para ponerse un pijama. Quería aparentar más informal. Lo entendía. Sabíamos ella y yo que hasta el ...
... pijama le quedaba hermoso. Salvo cuando lo usaba para que no le manosee la cola, claro está. Pero esa etapa ya había quedado muy atrás. -Quiere aprender a chupar pija. – le dije a mi prima, luego de presentarlas. – Le dije que eras flor de petera y la ibas a ayudar. – continué luego, guiñándole un ojo a ambas. – La mejor maestra, para la mejor alumna. – tiré al final. Para ver si lograba que vayan entrando en confianza. Era difícil. También lógico. La rubiecita sólo sonreía nerviosa a mis comentarios. Y mi prima no ayudaba. Le recorría el cuerpo con la mirada, como si iría a devorarla. Con la yema de los dedos le tocaba la tela de la pollerita y le olía el pelo, sin decirle nada. La sonrisa de Lihuén ahora me sonaba a miedo. Pero quién mierda me creía yo como para andar adivinando lo que expresa un rostro femenino, mientras otro rostro femenino amenaza con lamerla entera, como al más rico de los helados. -Y concha también. – agregó la brasilera. – Si no es mucha molestia.-dijo luego, simulando una intención de no faltarle el respeto a la profe. Julia le sonrió rompiendo el personaje. El comentario le había resultado tan espontaneo que no pudo contener la risa. Pero aunque se estaba rompiendo el hielo de a poco, todavía las seguía notando un poco tensas, por lo que les dije que iba a buscar cervezas y que ya volvía. Que charlen un poco y entren en confianza. Que no tardaba mucho, pero cuando regresara quería que la pendeja ya sepa, al menos, cómo poner los labios ...