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El abuelo (Parte 8)
Fecha: 18/11/2021, Categorías: Gays Autor: janpaul, Fuente: CuentoRelatos
En mi graduación estuvieron mis padres, mis tres hermanos, el mayor y el menor y mi hermana, mis abuelos y cómo no, junto a ellos estaba Anselmo. Comimos en un restaurante de Madrid al que mi padre gustaba ir. Ese día quería pagar mi abuelo, Anselmo y mi padre, ganó la apuesta mi padre, diciendo que yo era su hijo y era deber suyo. Ese día era jueves. Mi abuelo nos emplazó a todos en su casa para el domingo. Allí estuvimos todos. Allí mismo Anselmo los emplazó a todos en L´Hospitalet. Pero de jueves a domingo, había dos días que era necesario aprovechar, son palabras de Anselmo, y nos dirigimos en un coche alquilado a La Granja de San Ildefonso. Mi madre se quedó con mis abuelos y mi padre aprovechó esos días para sus negocios. Anselmo invitó a mis hermanos a venir con nosotros, mi hermana prefirió quedarse para verse con unas amigas y mis hermanos se vinieron con nosotros. Anselmo quería que fuéramos al Parador, pero sabedor de mis gustos, buscamos online un hotel más modesto en Valladolid. El viernes, como habíamos salido temprano, lo primero que hicimos es visitar el Palacio real de la Granja, que yo conocía pero Anselmo y mi hermano Vicente Luis, el que me sigue, no conocía; sin embargo, Antonio Miguel, un año mayor que yo, conoce casi toda España, porque ese no para su culo en casa. Por la tarde salimos en el coche en dirección a Valladolid. En casa a Antonio Miguel lo llamamos Tony o Tonymi y a Vicente Luis lo apodamos Vicen. Lo curioso de todo esto es ...
... que nos tomaban por abuelo y nietos y así lo indicaban, pero yo corregía «no, es mi novio». No se lo creían, nos tomaban por bromistas. Así que todo era muy divertido. Mis hermanos se partían de risa a causa de mi desfachatez, y así lo pasábamos más divertido. Por la mañana había conducido Anselmo y yo me había sentado al lado; por la tarde le preguntó Anselmo a Tony si quería conducir y este se puso feliz, mis hermanos se sentaron delante y Anselmo y yo detrás. No le dejé tranquilo a Anselmo, porque muy sigilosamente le abrí la bragueta y metí la mano. Él sonreía y mi hermano entendió lo que yo hacía y me dijo: — Déjale tranquilo, Janpaul, déjale que descanse, —y se reían de mí. Nunca habíamos estado tan juntos mis hermanos y yo. Es cierto que Anselmo como que nos unía, parecíamos cuatro hermanos, si exceptuamos la edad, lo que ya habían superado mis hermanos. A lo largo del viaje ellos bromearon considerando a Anselmo uno de nosotros, ya no encontraban extrañeza en nuestra situación y eso me alegró mucho. Llegamos a una estación de servicio, llenamos el depósito y merendamos en la cafetería. Continuamos luego a Valladolid, al hotel, nos acomodamos y salimos para cenar con la idea de ir luego a Capuchinos, una sauna que nos dijeron que era formidable. Era una sauna muy común, sin nada de extraordinario. Pero tiene cabinas de masaje, con lo que todos teníamos que pasar por allí que para eso habíamos ido. También había tres tipos de sauna: turca o de vapor, terma o de ...