1. Mi hermano, mi amante


    Fecha: 23/11/2021, Categorías: Incesto Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    Hola, Me llamo Gabriela, soy murciana, mido un metro sesenta y cuatro. Tengo 22 años, estoy rellenita, tengo el cabello negro y largo, mis ojos son color café, mis tetas son grandes, lo mismo que mi culo y mis caderas son anchas y dicen que soy guapa, aunque yo me veo resultona. Hace mucho tiempo que me toco leyendo relatos eróticos. Un día descubrí los suyos, me engancharon, los leí casi todos y decidí destrozar uno de ellos. Aún así espero que le guste.
    
    MI HERMANO, MI AMANTE
    
    Había tenido a mi hijo Tinín hacía un mes. Ya anocheciera y estaba en mi cama, con el bebé durmiendo en la cuna. Estaba dispuesta a leer un relato suyo, Carolina, para ser más precisa. Llegó mi hermano Tony (Antonio) a mi habitación, y me preguntó.
    
    -¿Qué haces, Gabri?
    
    -Nada.
    
    Se metió en cama y leyó el la PC:
    
    -Todo empezó a las diez de la noche. Carolina era una joven de 20 años, alta, morena y delgada. Llevaba puesto un pijama de seda. Estaba sentada en un sillón de su casa dándole el pecho a su bebé. Llegó su suegro, un cincuentón, moreno y espigado. Venía algo contento. Miró para sus grandes tetas y para la leche que caía de la comisura de los labios de Tinín...
    
    Mi hermano (así nos llamábamos aunque era mi hermano de leche), paró de leer, y me preguntó:
    
    -¿Te ibas a masturbar leyendo este relato?
    
    Mentí.
    
    -No, leía para pasar el rato.
    
    -Nunca supiste mentir, Gabri.
    
    Me puse altiva.
    
    -¿Y si iba a masturbarme, qué?
    
    -Nada, pero nos podríamos masturbar juntos. El viejo ...
    ... y nuestra madre están en el balneario y tu marido no volverá de Nueva York hasta la semana que viene.
    
    -Eso todo ya lo sabía, pero no me veo tocándome contigo al lado.
    
    -Ya, somos hermanos de leche y bla, bla, bla. ¿Qué daño nos va a hacer tocarnos uno al lado del otro? Anda, sigue leyendo, yo cierro los ojos y no te miro mientras te haces un dedo, hermanita.
    
    No me disgustaba la idea, pero le dije:
    
    -Estás loco.
    
    -Todos estamos un poquito locos.
    
    Aquella noche llevaba puestos unos vaqueros y una blusa blanca. Yo no había provocado a mi hermano, así que le dije:
    
    -Vuelve a tu habitación, Tony.
    
    -Vuelvo, pero cuando regrese tu marido le diré que te haces dedos pensando en tu suegro.
    
    Me violentó.
    
    -¡Sabes qué eso no es verdad!
    
    -Yo sí, lo sé, pero tu marido no lo sabe.
    
    Me enojé, y le dije:
    
    -¡Eso se llama chantaje!
    
    -Eso se llama saber aprovechar la oportunidad.
    
    Tenía la cara dura cómo un zapato.
    
    -Esta bien, leeré, pero no me voy a tocar.
    
    -Tendré que conformarme.
    
    Tony, que vestía unos vaqueros y una camisa azul, tiene tres años menos que yo, y es un figurín, moreno y muy guapo, se echó boca arriba en la cama y puso la mano encima del paquete. Yo, leí:
    
    -Miró para sus grandes tetas y para la leche que salía por la comisura de los labios de su nieto... ¡Qué suerte tienen algunos! Exclamó Antonio... ¡Papá!, lo reprendió Carolina... Antonio se sentó al lado de Carolina. No paraba de mirarle para las tetas. Carolina sabía que la esposa de ...
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