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El viejo conserje (Capítulo II)
Fecha: 26/11/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: drwite, Fuente: CuentoRelatos
... amando mi cuerpo. Filomeno volteó y sus abrazos me apretaron aún más. - Es mejor que descanses. Estás lastimada y si vuelvo a intentar penetrarte, haré que sangres de nuevo. - No me importa… te deseo y quiero que me hagas el amor hasta el amanecer – él quiso negar, pero sentí su pene duro como la roca y lo tomé en mis manos para apretarlo en mi pubis – no niegues tus deseos, esta dureza me demuestra que tú también deseas estar dentro de mí. - Mariana – gimió por mis caricias en su pene – que Dios me perdone, pero es verdad. No pienso en otra cosa que en sumergirme en tu interior y perderme en tus caricias. - Entonces deja de resistirte y toma lo que deseas. Su beso lleno de urgencia fue toda su respuesta. Como pudimos regresamos a la cama y nos dejamos caer en ella. Sin perder tiempo Filomeno se colocó entre mis piernas y con mi ayuda logró introducir su gordo pene en mi vagina. El dolor fue mil veces más horrible que la primera vez, pero jamás me quejé y concentré todos mis sentidos solamente en sus carias y sus besos hasta que pude moverme con la misma desesperación que él. Hicimos el amor casi toda la noche. Creo que incluso fueron cuatro veces y es que Filomeno era insaciable. Quiero pensar que sus años de celibato y su deseo por mí eran un buen afrodisiaco como para endurecer su pene con sólo minutos de descanso. Para la tercera vez mi vagina gritaba que lo detuviera, pero ver su rostro feliz cuando me embestía ya sea con dulzura o con fuerza, era ...
... suficiente recompensa para aguantar otra ronda de sexo salvaje. Para la cuarta vez, la delicadeza quedó en olvido y golpeó con rudeza mi dolorida vagina. Lágrimas salieron de mis ojos, pero él estaba más concentrado en su desahogo y no notó mi llanto. Fufaba como animal y su sudoración era tan excesiva que mojó todo mi cuerpo. Sus caderas arremetían sin piedad para incrustar su pene muy al fondo de mi vagina. Mi útero desde hace mucho estaba lleno del semen que derramó las tres veces previas, y cuando eyaculó la cuarta vez, ni su pene logró contener la salida del líquido que vino acompañado con un poco de sangre. Cansado dejó caer todo su cuerpo sobre el mío - yo lo abracé y repartí caricias a su cabeza y espalda -. A pesar de que ahora estaba más lastimada que antes, mi vagina retuvo su pene dentro de ella. Tener las piernas abiertas ya era difícil, pero su pene no se liberó ni aun aflojando el agarre, así que como la primera vez, nos quedamos dormidos y unidos por nuestros sexos, pero en esta ocasión lo hicimos hasta el día siguiente. Su toque en mi brazo me despertó y lo que vi me conmovió, pues tenía una bandeja con wafles y jugo de naranja acompañados por un florerito con una rosa blanca. Sin decir nada tomé la flor y lo besé en agradecimiento. Ambos comimos entre recuerdos de nuestro primer encuentro hace tres años - me confesó que en aquél entonces no me veía como mujer, sino como una dulce niñita y que sus pensamientos cambiaron el día que cumplí dieciocho años y ...