1. La casada decente, hasta que llegó su hora


    Fecha: 10/12/2021, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos

    ... tú, eres más raro que un perro verde.
    
    Al estar la polla dura Eva subió encima de su marido y lo folló sin prisa, pero sin pausa. Teresa y Sebastián sintieron los chirridos que hacían los muelles del somier y después los gemidos de Eva.
    
    Teresa se estaba dando dedo a mazo y magreaba las tetas. Sebastián ya tenía la palma de la mano mojada de aguadilla, lo que hacía que su polla se deslizase de arriba a abajo y de abajo a arriba simulando un coño. Oyeron cómo decía Eva:
    
    -Cómeme las tetas.
    
    Miguel le preguntó:
    
    -¿Qué haces?
    
    -Meterla en el culo. Come, coño.
    
    -Tú no eres mi Eva.
    
    -¡Qué comas!
    
    Teresa y Sebastián sintieron cómo Miguel mamaba y cómo Eva gemía mientras la polla entraba en su culo, y cómo Miguel le preguntaba:
    
    -¿Qué haces ahora?
    
    -Acariciar mi clítoris para correrme.
    
    -¿A acariciar tú qué?
    
    No le dio tiempo a contestar a la pregunta.
    
    -¡Me corro!
    
    A Teresa se le escapó un gemido y se corrió cómo una fuente, a Sebastián lo que se le escapó fue un chorro de leche que casi llega al techo y Miguel se corrió dentro del culo de Eva.
    
    A la mañana siguiente Teresa les puso el desayuno como de costumbre y hablaron entre ellos cómo si Eva no se comportara cómo una puta y como si ella y Sebastián no se corrieran cómo conejos. Al irse Miguel a trabajar y Teresa a comprar, Sebastián se encontró con su cuñada en medio del pasillo y le dijo:
    
    -Ayer me hice una paja sintiendo cómo follabas con mi hermano.
    
    -¡¿Estabas despierto?!
    
    -Sí, e ...
    ... imaginé que era yo el que estaba follando contigo. ¿Te pasé en algún momento por la cabeza?
    
    -Puede.
    
    Aquella respuesta merecía una reacción inmediata, y la tuvo. La empotró contra la pared, le metió la lengua en la boca y la besó con ganas atrasadas. Metió las manos debajo de su falda y le bajó las bragas, ella las apartó con los zapatos. La levantó en alto en peso y al tener la espalda apoyada en la pared se la clavó a tope. Le entró apretada, se veía que solo follara con su hermano y Sebastián la tenía más gorda. Con los brazos de su cuñada rodeando su cuerpo y comiéndole la boca le dio caña de la buena, pero al rato estaba cansado. Abrió la puerta de la habitación de Teresa, que estaba justo al lado de ellos, y después la echó sobre la cama, cama que aún estaba sin hacer. Allí le sacó la polla, le subió el vestido y le lamió el coño. Eva ya estaba tan cachonda que al ratito se corrió en su boca.
    
    Al acabar de correrse, le dijo:
    
    -¡Quita, quita, quita que puede volver mi madre!
    
    Mostrándole del empalme que tenía, le dijo:
    
    -¡¿Me vas a dejar así?!
    
    Se levantó de la cama, y le respondió:
    
    -Eso lo puedes bajar tú solo.
    
    ¡Qué remedio le quedaba más que pelarla! Pelándola estaba cuando se abrió la puerta de la habitación y apareció en ella Teresa. Al verlo, exclamó:
    
    -¡Sebastián!
    
    Imaginad la situación. Teresa con la mano en la boca, Sebastián tapando la polla con las dos manos y Eva que llega y poniendo cara de sorpresa, dice: "¡Hay que ver cómo está la ...