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Yo, Carmen la puta (Parte 2)
Fecha: 23/12/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Carmen Relatos, Fuente: CuentoRelatos
... decirle a mi madre cuando me viese arreglada de aquella forma, cuando a diario salía de casa con unos simples pantalones vaqueros. Era mayor, pero había sido joven, y no quería levantar en ella ningún tipo de sospecha. Tras cerrar la tienda, me desnudé, dejé toda mi ropa en el cajón que había detrás del mostrador, y me puse las prendas que había comprado. En la tienda no había espejo, por lo que ni siquiera pude comprobar mi aspecto bien antes de salir, y tuve que conformarme con mi imagen en la pantalla del móvil, uno viejo que tenía desde hacer más de 3 años. Fui andando hasta el lugar en el que Jorge me había dicho que quedaría con el hombre. Jamás en la vida había estado más nerviosa. El simple hecho de estar vestida de aquella manera me hacía sentir como un manojo de nervios. Tenía la impresión de que todo el mundo me miraba por la calle, y que como por arte de magia, mi falda se levantaba automáticamente, por lo que no paraba de dar tirones hacia debajo de ella. Después de lo que para mí fue una eternidad, llegué al lugar de la cita, la puerta de un bar que se encontraba en el paseo marítimo del pueblo, y que para nada era el típico lugar lujoso donde a menudo los hombres con dinero acostumbran a llevar a sus damas de compañía. Sus putas siendo claros. Su nombre era Antonio. Era un señor de 59 años, de estatura baja, y con algo de barriga, pero a pesar de su edad, conservaba bien su pelo, de color canoso. No podemos decir que fuese un anciano, y en los tiempos ...
... que corren podemos considerar joven aún y con tiempo de vida a una persona de 59 años, pero los 20 años de diferencia entre él y yo, me hacía tener la sensación de haber quedado con un viejo, lo cual no hacía más que repugnarme. A pesar de eso, la vida era así. Yo era la puta y el era el cliente. Y es el cliente quien elige a la puta, y no la puta quien elige al cliente. Por primera vez, acepté aquella obvia reflexión. Acepté que yo era una trabajadora, un producto, y el un consumidor. Lo mismo ocurre con una botella de cerveza, que no es ella quien elige quién se la bebe. Antonio: Hola qué tal, tu eres Carmen ¿verdad? Yo: sí soy yo encanta. Se acercó a mí con una sonrisa, y colocando su mano sobre mi cintura, me dio dos besos para saludarme. Antonio: No te había conocido porque eres más guapa que en la foto. Yo: Gracias. Sonreí. Antonio: Vamos a entrar, tengo una mesa reservada. Después de saludar al camarero de la entrada, entramos en aquel bar, en el cual había reservado una mesa para nosotros. Tal y como antes comenté el sitio no era un lugar de lujo, y se parecía más a un bar donde la gente hacía las típicas quedadas familiares. Pedimos una botella de vino para los dos, y como no, marisco. Si tan sólo fuese por la comida, ésta había sido fantástica. No probaba el marisco desde aquellos tiempos lejanos en los que mi padre se dedicaba al mundo del pescado, y la verdad es que hico que viniesen a mi cabeza dulces recuerdos de aquella vida que por ...