1. Mi odiosa hermanastra (Parte 3)


    Fecha: 03/01/2022, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos

    "...Pero sé que no te aprovecharías al verme media desnuda, así que voy a estar tranquila" me había dicho Florencia antes de dormir.
    
    El que no estaba tranquilo era yo. Sabía que mi hermanastra estaba dormida sobre el colchón que había puesto pegado a mi cama. Vestía solamente un conjunto de ropa interior blanca. La imagen de la pequeña tela metiéndose entre sus nalgas no salía de mi cabeza. Esa noche Florencia se había mostrado increíblemente sincera, e incluso amable. Y eso no ayudaba en nada. Mi amigo el cabezón se despertaba lentamente.
    
    Contra la pared, bajo la ventana estaba, el baúl de madera donde escondía la tanga negra que le había robado hacía unos días. Me perturbaba que estuviese tan cerca de, como diría mamá, "la prueba del delito". Aunque más me perturbaba la presencia misma de Florencia en mi habitación.
    
    ¿Qué pasaría ahora? ¿Seríamos amigos? Necesitaba mucho tiempo sólo para procesar esa idea. Ella seguía siendo la misma cabrona de siempre, eso seguro. No iba a cambiar de un día para otro. Pero a lo mejor, más allá de las discusiones, podíamos llevarnos bien.
    
    ¿Y yo qué ganaba con eso? ¿Iba a ser más fácil convivir con un minón como Florencia si nos llevábamos bien? Para nada. Más bien todo lo contrario. Preferiría odiarla.
    
    Pensé en mis amigos "si yo la viera así, me la cogería ahí nomás" había dicho Manu, en una exagerada muestra de hombría. Pero la frase también me comía el bocho.
    
    Pasaron horas. Me puse a leer algunos artículos aburridos en ...
    ... Internet, para que se me fuera la erección, pero no pasaba nada. Mi amigo seguía firme como soldado. Pero aun así, por suerte, empecé a sentirme cansado.
    
    Pero cuando parecía que por fin iba a dormir me agarraron tremendas ganas de mear. Me paré, en medio de la oscuridad. Sentí el calzoncillo apretado por la tremenda erección. Me tuve que sentar en el inodoro porque si no, iba a mear para cualquier parte. Por fin largué un extenso chorro de pis, mientras la dureza, de a poco, desaparecía.
    
    Volví al cuarto. Escuché la profunda respiración de Florencia. Sentí el olor de su perfume, el cual había invadido la habitación. Recordé lo que habíamos hablado hacía unas horas, y aún me parecía extraño haber intimado tanto con alguien tan irritante como ella.
    
    Encendí la luz.
    
    Como de costumbre, Florencia, en su agitado sueño, había tirado las sábanas a un costado. Me la quedé viendo un rato. Ahora estaba quieta, boca abajo. Su pierna derecha flexionada. Su espalda arqueada y desnuda, sólo estaba cubierta por el elástico del corpiño. El increíble orto, ejercitado a diario, apenas tapado por la tela de la tanga que se metía entre esos cachetes macizos.
    
    "... sé que no te aprovecharías al verme media desnuda..."
    
    Me acerqué, a puntas de pie. Era peligroso, porque si se despertaba no podría justificar estar tan cerca. Si me la quedaba mirando desde la puerta, en cambio, podría fingir que recién entraba, apagaba la luz y listo. Pero estando tan cerca no. Igual preferí arriesgarme. ...
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